Vicepresidente del Estado Plurinacional menciona que hay dos ‘Achacachis’ en conflicto

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El vicepresidente Álvaro García Linera mencionó que hay dos “Achacachis” en el actual conflicto, en la que hay una diferencia marcada de intereses y de necesidades que están dando lugar a confrontaciones clasistas, ya no étnicas, al interior de este municipio. Considera que los hechos ocurridos en febrero fueron de tinte fascista promovida por dirigentes que viven en el pueblo y no en las comunidades.

García asegura que hoy, los habitantes de la ciudad de Achacachi y de las comunidades son enteramente aymaras; pero pertenecientes a distintas clases sociales. En la ciudad de Achacachi están comerciantes, transportistas, artesanos y una parte de profesores, muchos de ellos procedentes de las comunidades y en un claro proceso de enclasamiento social; en las comunidades viven principalmente campesinos.

Sostuvo que los actores de las movilizaciones contra la dictadura y, contra el neoliberalismo, fue de las comunidades campesinas. El Achacachi rebelde e insurrecto es el Achacachi de esas comunidades, aquellas que respaldaron con el 90% de los votos a Evo Morales y que participaron en el desfile cívico-militar.

Aseguró que la derecha no quiere entender, por eso no comprende nada de lo que está pasando, las juntas de vecinos de Achacachi, en el mes de marzo, no solo quemaron la Alcaldía y la casa del alcalde, sino, que además quemaron la sede de la Federación Sindical de Trabajadores Campesinos de Omasuyos “Túpac Katari”.

Dijo que esta acción de tinte fascista remató con la quema de una radioemisora. En represalia, las comunidades retomaron la antigua práctica del saqueo de tiendas, que fracturó aún más la relación campo-ciudad.

Lamentó que trotskistas, ambientalistas, indigenistas, enceguecidos de odio contra Evo Morales, presidente aymara, se hayan lanzado a los brazos de la derecha más cavernaria de Jorge “Tuto” Quiroga y Samuel Doria Medina,  a quienes acusa de conducir la movilización a una confrontación con el gobierno.

Para el García Linera, esta manipulación política de un tema estrictamente municipal, ha cerrado cualquier posibilidad de darle un enfoque progresista, popular o revolucionario a sus imposturas y con el tiempo solo ha de quedar la obscenidad de haber respaldado y alentado actos antidemocráticos que hieren la experiencia y la memoria de lucha del pueblo boliviano.