Fundación Jubileo, Revista Nº 39

La pobreza se cobija en el Cerro Rico de Potosí. Allí las mujeres tienen como principal actividad ser guardianas del ingreso a la mina o recolectoras de residuos minerales, en condiciones de vulnerabilidad y desprotección de derechos.

Las guarda bocaminas perciben entre Bs 500 y 1.000 por mes. Es parte del sustento de familias que, en su mayoría, tienen más de cuatro hijos. Suelen cocinar y guardar explosivos en viviendas precarias de adobe, piedra, calamina y pisos de tierra, de 12 a 16 metros cuadrados. Ninguna tiene alcantarillado, casi ninguna accede a agua potable y pocas tienen energía eléctrica.

En algunos casos, se exponen a maltratos y acoso; y si les roban herramientas, maquinaria o insumos, pagan con su trabajo.

Las secciones de mayor importancia de actividad minera en el Cerro Rico –debido a su intensidad y concentración de trabajadores- son: Robertito, que abarca el sector oeste; La Plata, que comprende la parte este; y Caracoles, al norte del yacimiento minero, área visible al centro urbano de la ciudad de Potosí. Allí, 135 guarda bocaminas custodian las 24 horas del día, los siete días de la semana, en parajes que llegan hasta 4.400 metros sobre el nivel del mar (msnm).

Las mujeres no ingresan a la mina, su condición de viudas o separadas de su pareja hace que su supervivencia sea cuesta arriba. Algunas, además de guarda bocaminas, también son palliris, personas que operan en los desmontes, de donde extraen residuos de mineral de bajo valor comercial. Recoger (pallacu) y barrer (pichar) son algunas de sus actividades, también expuestas a la contaminación ambiental, con riesgos para su salud.

Un estudio de Fundación Jubileo, con testimonios de las trabajadoras, muestra que están en un eslabón marginal de la cadena productiva minera.

En Bolivia, la explotación de los yacimientos mineros genera entre 2.500 y 4.000 millones de dólares anuales, de los cuales, apenas 300 millones de dólares ingresan a las arcas del Estado. En los últimos 11 años, Potosí recibió más de 1.000 millones de dólares por regalías.

Pese a los importantes resultados alcanzados en la reducción de la pobreza, todavía están latentes desafíos para proteger a los sectores más vulnerables.

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