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4 diciembre, 2020
Actualidad Sociedad

«La prensa tiene que reinventarse de arriba a abajo, el modelo de negocio basado en la publicidad está muerto»

Luis García Casas – Deutsche Welle (DW)

La crisis provocada por la pandemia del coronavirus se ha venido a sumar a las dificultades que atraviesa la prensa local en Latinoamérica, poniendo en peligro a muchas publicaciones y provocando una oleada de despidos.

«La prensa local, en general, lo está pasando bastante mal; y en América Latina, con el coronavirus y la mala situación económica previa, se está despidiendo a bastantes periodistas», explica el analista de medios español Miguel Ormaetxea. «Y lo van a pasar todavía peor», augura. «La publicidad ha huido del papel, con caídas hasta del 80%, y la publicidad digital se la lleva toda Facebook, Google y también Amazon, con lo cual lo que queda para los demás son migajas».

«Con la pandemia se ha producido un cóctel explosivo», coincide el periodista chileno y profesor universitario de narrativas digitales y periodismo emprendedor, Patricio Contreras.

«Porque las salas de redacción latinoamericanas ya venían arrastrando hace varios años distintas crisis: económica, del modelo de negocio de los medios de comunicación, crisis de desconfianza como la que viene cuestionando al poder político o económico… y llega esta pandemia, que es una crisis sanitaria, y obviamente acentúa todas estas otras crisis».

Un terremoto en un terreno ya castigado

La prensa local y regional siempre ha tenido su sitio en el mapa de medios, llenando los huecos que dejaban los periódicos nacionales y sirviendo de plataforma para pequeños anunciantes que no tenían ni la capacidad ni la necesidad de publicitarse en ellos.  En algunos lugares conviven varios periódicos locales, pero en ciudades pequeñas muchas veces solo hay espacio para uno.

Más allá de la idiosincrasia de cada país, ese mapa de medios sigue en cada uno de ellos un patrón similar: dos o más periódicos de tirada nacional marcados por una clara tendencia política, opositora o afín al gobierno de turno, y una red más o menos tupida de diarios regionales y locales, en algunos casos integrados en grandes grupos editoriales y en otros completamente independientes.

Esta red de prensa local, que da trabajo a casi la mitad de los periodistas de Latinoamérica, es más densa en Argentina o en México, donde hay, por ejemplo, además de 267 revistas, 480 periódicos registrados, 334 de ellos diarios, la gran mayoría de carácter local o regional. Solo en la capital hay 31 diarios, con una tirada conjunta de tres millones de ejemplares. En el extremo contrario se encuentra Venezuela, donde a causa de la crisis socioeconómica previa y las dificultades para proveerse de papel prácticamente solo queda uno de los grandes diarios regionales.

Esta estructura de medios impresos, ya de por sí inestable, ha sido agitada por la pandemia de coronavirus. Un ejemplo es el diario La discusión de Chillán (ciudad chilena de unos 160.000 habitantes), el segundo periódico más antiguo del país, con 150 años de historia, que ha suspendido su edición en papel, algo que no sucedía desde el devastador terremoto que destruyó la localidad en 1939.

Los despidos, un indicador de la magnitud del sismo

En México, casi uno de cada veinte periodistas ha perdido su trabajo en lo que va de año. Paula Cejas, directora de la oficina para Latinoamérica de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), explica que «es difícil cuantificar el número de periodistas y trabajadores de medios de comunicación despedidos» en toda la región, pero hace un recuento país por país que, sin ser exhaustivo, da una idea de la debacle: 350 en Uruguay, 300 en Paraguay, 600 en Ecuador… Además, constata reducciones de salario y otras medidas en esa línea.

«Ante este contexto, que profundiza la crisis que venimos transitando hace unos años, la FIP (…) propone un audaz e inmediato plan de recuperación mundial para salvar a los medios de comunicación más afectados y a los periodistas» en situación más precaria, explica Cejas. «Y hace un llamado a todos los gobiernos nacionales para que se comprometan con el periodismo de calidad en esta época de desinformación, a través de fuertes medidas políticas y económicas que garanticen la supervivencia de los medios de comunicación y los periodistas profesionales», concluye.

Contreras coincide en que debe haber un debate sobre el papel del Estado en la cuestión. «Así como se define el trabajo periodístico como un trabajo esencial, se puede entender que eso no solamente conlleva una libertad de movimientos, sino también una responsabilidad del Estado de asegurarse de que ese trabajo se sigue haciendo», afirma. Aunque advierte que en muchas ocasiones la publicidad institucional ha sido utilizada para controlar a la prensa, recuerda también que durante el brote de cólera en Chile de los noventa «la campaña fue tan intensa» que fue «al mismo tiempo una inyección de recursos para los medios».

Un cambio de modelo

«La prensa local tiene que reinventarse de arriba a abajo, sobre todo la prensa en papel, aunque también la digital: el modelo de negocio basado en la publicidad está muerto», sentencia Ormaetxea, que propone buscar alternativas de financiación como el comercio electrónico. Algo así es lo que hicieron, por ejemplo, las grandes editoriales periodísticas alemanas cuando crearon los portales inmobiliarios o tiendas en línea de segunda mano, algo que reforzó sin duda su posición financiera ante la crisis global del periodismo.

Y también cita el caso de ElDiario.es, «el único de los periódicos en España que no está atravesando dificultades» gracias a su modelo de suscripciones de gente que paga mensualmente «para no tener que ver la publicidad, pero también para apoyar la causa de la izquierda y el progresismo en España», aclara Ormaetxea. «En Latinoamérica no tenemos un caso como el de ElDiario.es, que en marzo pidió ayuda a sus lectores y obtuvo veinte mil nuevos suscriptores», explica Contreras, aunque ha habido algunos intentos de replicar ese modelo.

«En Uruguay hay un proyecto que se llama LaDiaria.uy, que ha podido capear la pandemia con cierta tranquilidad, ya que el 70% de sus ingresos son de suscripciones». Incluso ha podido sacar «un nuevo suplemento durante la pandemia, titulado ‘En casa’, y destinado a la gente que no podía salir durante las cuarentenas», explica el chileno, miembro fundador de la red de profesores de Periodismo Emprendedor.

Espacio para la esperanza

Para Contreras, la crisis está afectando más duramente a la prensa local «porque los medios grandes tienen más donde recortar, por decirlo de algún modo». Sin embargo, también admite que tiene unos puntos fuertes que hay que tener en cuenta, como su mayor cercanía y sus mayores «posibilidades de sintonizar con sus comunidades». Las encuestas sobre hábitos de lectura muestran un mayor apego al papel fuera de las grandes ciudades. Al papel y a su diario local.

«La gente acá, por ejemplo, tiene que denunciar algo, cualquier cosa, no sé, que el vecino lo amenaza… y va al diario», explica Rodo Herrera, director de El Ciudadano Cañuelense. Es un periódico de Cañuelas, localidad de 70.000 habitantes al sur de Buenos Aires. Herrera constata que la publicidad ha bajado drásticamente, pero las ventas de ejemplares se mantienen. «Nosotros nos pusimos como objetivo aguantar todo lo que podamos, el último ajuste sería echar a alguien, dejar a alguien sin empleo y la verdad es que, por ahora, nos ceñimos a los planes», explica. Y espera, como todos, refiriéndose a la pandemia, «que esto, no sé, en ochenta, noventa días, haya pasado».

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