Ñatitas, la historia de los muertos que viven junto a sus familiares o “elegidos”

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¿Los muertos viven? Pues en nuestra cultura, sí. Y no se trata de una historia de zombis, sino de la Fiesta de las Ñatitas. La celebración se realiza cada 8 de noviembre, en el Cementerio General de La Paz y sus alrededores. El Municipio acompaña la realización de la festividad, mediante el impulso, revalorización, visibilización y registro.

En La Paz, se cree que los cráneos protegen y ayudan a su portador y este, a su vez, lo trata como un miembro de la familia, porque convive con ellos y participa de las actividades domésticas. Los devotos aseguran que el ajayu del cuerpo aún está presente en ese resto óseo.

Una de los creyentes es María Quisbert, pero no siempre lo fue. Ella cuenta que hace tres años le robaron objetos valiosos y dinero de su casa, dejándola totalmente endeudada, situación que le contó a una amiga que tenía una ñatita llamada Lidia.

“Esa noche, mi amiga soñó con la ñatita Lidia y ella le pidió que la llevara conmigo. Al día siguiente, me la trajo y se quedó en mi casa esa noche. Antes de dormir, con toda mi fe le pedí que me mostrara en sueños dónde estaban mis cosas y dónde estaban los ladrones; que, si me hacía ese favor, cada martes por la noche le llevaría un cigarro y flores en agradecimiento”, recuerda doña María y agrega que, esa noche, soñó con la calavera.

“En sueños, Lidia me llevaba de la mano, era una jovencita muy linda que había fallecido en un accidente en Los Yungas. Me mostró el lugar en donde se encontraban mis pertenencias”, cuenta doña María. Al día siguiente, hizo la denuncia a la Policía, les indicó el lugar en dónde estaba lo que le robaron y así recuperó sus cosas. Ahora ella, cada martes por la noche, cumple la promesa que le hizo a Lidia.

Doña María comenta que tiene un conocido, Eduardo Flores, que tiene una calavera de un bebé de menos de dos años. “Se llama Toñito y es muy juguetón, les quita los juguetes a sus niños. Toñito lleva más de 10 años en la familia de Eduardo y, aunque se supone que no es más que un niño, le cuida su salud y le ayuda en sus estudios”, asegura.

“Desde que tenemos nuestra ñatita nada nos falta. Tenemos salud, cuida la casa cuando salimos de viaje, hace ruido. A veces mis hijos llegan tarde y yo le encargo que me los traiga bien y hasta ahora nada nos ha pasado”, comenta por su lado Carmen Castro.

“Le rezamos para pedir que nos cuide y que nunca nos abandone, nunca le hago faltar su coca y cigarro y siempre le hablo, porque si le descuidas o te olvidas de ella se enoja y te castiga”, explica. “En sueños te dicen que tienen sed y piden refresco”, agrega Carmen.

Como doña María y doña Carmen, hay miles de creyentes en las ñatitas. Y cada 8 de noviembre, celebran una fiesta en su honor.

Entre parientes, desconocidos y almas olvidadas

Hay ñatitas de toda edad: niños, jóvenes, adultos y ancianos. Son calaveras que pueden ser de parientes, herencias, regalos, compra y venta o antiguos elementos de estudio de estudiantes de Medicina. Algunos testimonios afirman que provienen de cuerpos robados en cementerios clandestinos que hay en las ciudades de La Paz y El Alto. En todo caso, son cráneos a los que se da nombre y que se cuidan de generación en generación. Cuando una persona encuentra un cráneo que no es de un familiar, la tradición le obliga a hacerse responsable del difunto, devolverle dignidad y ofrecerle un hogar. Lo normal es tener una o dos calaveras, pero hay personas con tres o incluso seis.

En los hogares, los devotos hacen participar a las calaveras de los compromisos y obligaciones de la familia, vigilan la casa, la protegen de los ladrones y hasta intervienen en las consultas de los problemas familiares, relacionados con la salud, el trabajo y la suerte.

La forma de comunicarse que tienen los cráneos es a través de los sueños. Los portadores aseguran que mientras duermen conocen la historia del alma que ocupa la calavera, sus pedidos y hasta sus gustos para vestir o alimentarse.

Finalmente, cuando el alma que habita el cráneo se cansa de estar en la tierra, le avisa a su portador mediante un sueño. Entonces, se la lleva al Cementerio para que sea enterrada, porque ya terminó su trabajo.

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