Crisis económica y tensiones por combustible
Bolivia enfrenta una persistente escasez de combustible, agravada por la crisis económica que ha reducido las reservas de dólares necesarias para importar diésel y gasolina. En 2024, la inflación alcanzó el 8,82%, y las protestas por la falta de combustible han aumentado, especialmente en el eje troncal (La Paz, Cochabamba y Santa Cruz). Los bloqueos de carreteras, a menudo organizados por sectores sociales y transportistas, han generado temores de desabastecimiento, exacerbando la desconfianza de la población. En este contexto, las filas en las estaciones de servicio se han convertido en un reflejo de la incertidumbre que atraviesa el país a tres meses de las elecciones presidenciales.
Conductores enfrentan largas esperas
En la estación de servicio de la avenida 6 de marzo en El Alto, los choferes reportan esperas agotadoras. “Estoy aquí desde el domingo a las 4:00 de la tarde esperando diésel. Llegó una cisterna esta mañana, pero se acabó rápido”, relató a Unitel un conductor, visiblemente frustrado. En La Paz, las filas se extienden en estaciones como las de la avenida Uruguay y avenida Sucre, donde los conductores esperan hasta dos horas para cargar gasolina.
La situación ha generado malestar entre los transportistas, quienes denuncian que las estaciones no están recibiendo suficiente combustible para satisfacer la demanda. “No puede ser que pasemos días así, esto afecta nuestro trabajo y a nuestras familias”, señaló otra conductora en El Alto.
La ANH descarta desabastecimiento
Por su parte, Nelson Lamas, jefe de la Unidad de Análisis de la ANH, aseguró a la prensa que no hay problemas de suministro. Según Lamas, las filas son el resultado de la “susceptibilidad” de la población ante anuncios de bloqueos y rumores de escasez. “La especulación ha calado en la gente, y eso genera estas filas. El despacho de combustible es totalmente normal”, afirmó.
Lamas detalló que las plantas de almacenamiento distribuyen 7 millones de litros de combustibles (diésel y gasolina) a nivel nacional diariamente, con un incremento a 2,5 millones de litros en el eje troncal y Oruro para atender la demanda. Sin embargo, estas declaraciones no han calmado las preocupaciones de los conductores, quienes siguen enfrentando largas esperas.
Un problema que persiste
La crisis de combustible no es nueva en Bolivia, pero se ha intensificado en los últimos meses. Un informe de la Fundación Jubileo señala que el país gastó 2.100 millones de dólares en importaciones de combustibles en 2024, un 30% más que en 2023, debido a la caída en la producción interna y la dependencia de mercados externos. Los bloqueos, aunque no generalizados, han contribuido a la percepción de inestabilidad, llevando a muchos a llenar sus tanques por precaución.
El analista económico Gonzalo Chávez advirtió que la falta de comunicación clara por parte de las autoridades agrava el problema. “La ANH dice que todo está normal, pero la gente ve filas y no confía. Sin medidas concretas, como aumentar la transparencia en los despachos o garantizar el suministro, esta crisis seguirá”, señaló a Página Siete.
Con las elecciones de agosto acercándose, la escasez de combustible se ha convertido en un tema políticamente sensible. La oposición ha acusado al gobierno de Luis Arce de ineficiencia, mientras el MAS enfrenta críticas internas por su manejo de la economía. Por ahora, los conductores paceños y alteños siguen atrapados en filas, esperando soluciones que parecen lejanas.
