Coroico pierde sus ríos cristalinos mientras mineros piden alternativas al mercurio
Los ríos cristalinos que durante décadas caracterizaron a Coroico y gran parte de Los Yungas hoy presentan un panorama muy distinto. En los últimos días, vecinos y autoridades difundieron imágenes que muestran aguas turbias y cargadas de sedimentos, una situación que atribuyen a la intensa actividad minera en la región.
Las denuncias reavivaron un problema que desde hace años preocupa a comunidades, organizaciones ambientales y expertos: la contaminación generada por la minería aurífera y el uso de mercurio, un metal altamente tóxico que puede permanecer durante décadas en los ecosistemas.
En medio de este escenario, la Federación de Cooperativas Mineras Auríferas del Norte de La Paz (Fecoman) pidió al Gobierno impulsar proyectos y tecnologías que permitan reemplazar el mercurio y avanzar hacia una minería más limpia.
Los ríos de Coroico cambian de color
Habitantes de Coroico denuncian que el agua ya no conserva la transparencia que convirtió a la región en uno de los principales destinos turísticos del país.
Las imágenes difundidas en redes sociales muestran ríos con una coloración marrón y una gran cantidad de sedimentos, situación que, según los pobladores, coincide con el incremento de las operaciones de extracción de oro en la cuenca del río Coroico y sus afluentes.
Diversas organizaciones ambientales sostienen que cientos de operaciones mineras, muchas de ellas con escaso control ambiental e incluso presuntamente ilegales, trabajan en la zona removiendo el lecho de los ríos para extraer oro.
La preocupación también alcanza al río Onceví, donde comunarios denunciaron que el agua permanece contaminada desde hace varias semanas, afectando el consumo humano, el riego y la pesca.
Un problema que lleva años creciendo
La contaminación minera en Los Yungas no es un hecho reciente.
Desde hace varios años, comunidades, investigadores y organizaciones ambientales vienen alertando sobre el deterioro de los ríos debido a la expansión de la minería aurífera.
En 2023, el refugio de fauna silvestre Senda Verde, en Coroico, denunció que la contaminación estaba afectando los cursos de agua que abastecen sus instalaciones.
Posteriormente, diversos estudios y reportes advirtieron la presencia de mercurio y otros metales pesados en ríos de Los Yungas, además de otras regiones mineras del país como Guanay, Mapiri, Tipuani, Larecaja y el río Pilcomayo.
¿Por qué preocupa tanto el mercurio?
El mercurio es uno de los principales insumos utilizados para separar el oro del resto del material extraído.
El problema surge cuando este metal llega a los ríos, donde puede transformarse en metilmercurio, una sustancia altamente tóxica que se acumula en peces y otros organismos acuáticos.
Especialistas advierten que la exposición prolongada puede provocar daños neurológicos, afectaciones renales, problemas en el desarrollo infantil y complicaciones durante el embarazo.
Además del mercurio, la actividad minera puede liberar otros metales pesados como arsénico, plomo y cadmio, que representan un riesgo para la salud y el medio ambiente.
Los mineros piden ayuda para dejar el mercurio
En medio del debate, la Federación de Cooperativas Mineras Auríferas del Norte de La Paz (Fecoman) aseguró que el sector está dispuesto a reducir y reemplazar el uso del mercurio, pero pidió al Gobierno impulsar proyectos que hagan posible esa transición.
El presidente de Fecoman, Víctor Quispe, explicó que las cooperativas ya comenzaron a socializar entre sus afiliados la necesidad de abandonar ese metal, en cumplimiento del Convenio de Minamata, tratado internacional que busca reducir progresivamente el uso del mercurio para proteger la salud y el medio ambiente.
«Queremos también por parte del Gobierno que haya proyectos, que haya alternativas para que nosotros como mineros auríferos podamos seguir realizando la actividad minera dejando de usar el mercurio», afirmó.
Quispe señaló que existen tecnologías capaces de reemplazar el mercurio en el procesamiento del oro, entre ellas sistemas de concentración gravimétrica, procesos con cianuración controlada y otros métodos más eficientes, aunque remarcó que su implementación requiere inversiones y asistencia técnica.
«Hay muchas alternativas que se pueden aplicar, pero necesitamos apoyo del Gobierno para desarrollar una minería limpia y sana, como exige el cuidado del medio ambiente», sostuvo.
También exigen combatir la minería ilegal
Durante la presentación de sus propuestas para la próxima Cumbre Minera, Fecoman planteó seis ejes de trabajo que incluyen seguridad jurídica, contratos mineros, institucionalidad, comercialización, desarrollo productivo, inversiones y protección ambiental.
El dirigente también advirtió que la demora en la aprobación de contratos favorece el crecimiento de la minería ilegal y pidió agilizar los trámites administrativos para brindar mayor seguridad jurídica al sector.
Un desafío para Bolivia
El caso de Coroico vuelve a evidenciar uno de los mayores desafíos ambientales del país: compatibilizar la actividad minera, una de las principales fuentes de ingresos y empleo en varias regiones, con la protección de los recursos hídricos y la salud de la población.
Mientras las comunidades denuncian que los ríos pierden su color cristalino y temen por el impacto en el turismo, la agricultura y el abastecimiento de agua, el propio sector aurífero reconoce que es necesario avanzar hacia tecnologías menos contaminantes.
La discusión ahora se traslada al Gobierno, que deberá definir si impulsa políticas e inversiones para reducir el uso del mercurio y fortalecer el control ambiental en las zonas donde la minería continúa expandiéndose.
