Desde luego que no, pero está golpeado, aún en estado de confusión y con pocos reflejos frente a los nuevos tiempos y el impacto de la Inteligencia Artificial (IA). Sucede desde hace, por lo menos, 20 años, y no solo es un fenómeno tecnológico, sino cultural, como dice Henry Jenkins, el autor que acuñó el término “cultura de la convergencia” para mostrar la transición de los viejos a los nuevos medios, la migración de la publicidad hacia las redes, la aparición del “prosumidor”, la cultura participativa y la “inteligencia colectiva”, como la llama Pierre Lévy.
𝐄𝐥 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐡𝐞𝐫𝐢𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞 𝐞𝐬 𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐩𝐞𝐥 y es una verdadera pena, porque, más allá del soporte, con la noticia impresa se va toda una cultura de filtros y contrapesos que aseguraban un mejor producto periodístico, contrastado y verificado, y que los lectores utilizaban día a día para tomar mejores decisiones.
Yo vengo de allá: del tiempo en el que un titular de apertura marcaba agenda y generaba opinión pública; de los reportajes de domingo que te dejaban la mesa servida para el banquete de historias; de las crónicas moldeadas artesanalmente; de los reportajes que ponían contra las cuerdas a los poderosos; de cuando no necesitábamos de verificadoras para sentenciar si un hecho era o no verídico, porque 𝐥𝐚 𝐮́𝐥𝐭𝐢𝐦𝐚 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚, 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐧𝐨, 𝐥𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐢́𝐚𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐥𝐞𝐜𝐭𝐨𝐫𝐞𝐬.
Hoy, lamentablemente, el efecto viene en cadena: sin periódicos no hay periodistas, y 𝐬𝐢𝐧 𝐩𝐞𝐫𝐢𝐨𝐝𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐡𝐚𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐝𝐞𝐦𝐨𝐜𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐦𝐚𝐥𝐭𝐫𝐞𝐜𝐡𝐚 𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐬𝐨𝐜𝐢𝐞𝐝𝐚𝐝 𝐩𝐚𝐭𝐢𝐜𝐨𝐣𝐚. Justo ahora que necesitamos colegas mejor formados, las carreras de Comunicación y Periodismo están diezmadas, amenazadas por universidades que insisten en enseñar con planes de estudios de hace 30 años o por el mercado que se conforma con “creadores de contenido” de un minuto, que priorizan la viralidad sobre la profundidad o la primicia a la moralidad.
¿Qué hacer? 𝐕𝐨𝐥𝐯𝐞𝐫 𝐚𝐥 𝐨𝐟𝐢𝐜𝐢𝐨. Reivindicar como nunca el método periodístico: valoración, clasificación, contextualización y verificación de datos y hechos, siempre cubiertos con el escudo de la ética, la empatía y el respeto.
Esto no significa negar los tiempos y condiciones actuales, al contrario: vamos a subirnos sobre los lomos de la tecnología y cabalgar en los terrenos de los nuevos medios, las redes y la IA. 𝐄𝐥 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐨𝐥 𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞 𝐬𝐞𝐫𝐚́ 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨, 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐨.
𝐇𝐨𝐲 𝐞𝐬 𝐩𝐨𝐬𝐢𝐛𝐥𝐞 𝐩𝐨𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐨𝐟𝐢𝐜𝐢𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐡𝐞𝐫𝐫𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐚𝐬 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐢𝐧𝐢𝐦𝐚𝐠𝐢𝐧𝐚𝐛𝐥𝐞𝐬: modelos de lenguaje y metabuscadores que, con fuentes incluidas, mejoran tu puntería en la reportería; aplicaciones que vinculan tus fuentes con tu calendario, tu correo o incluso con carpetas de tu propio computador; traductores en línea; desgrabadores inteligentes que te señalan el minuto y segundo exactos de una declaración; páginas nivel dios que te dan pautas precisas por dónde va la investigación o rebuscan un dato entre cientos de fuentes, autores y libros, y con esa información te hacen, al minuto, resúmenes, audios, videos o infografías… Sin olvidar que tienes tu propio medio de comunicación en el bolsillo: el celular.
Desde luego, tener la herramienta sin tener claro el objetivo es como querer ser periodista sin amar el oficio. Y acá una de las salidas más visibles tiene nombre y apellido: 𝐩𝐞𝐫𝐢𝐨𝐝𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐦𝐞𝐝𝐢𝐚, que es el periodismo de siempre, potenciado por las multiplataformas. No es solo multimedia o crossmedia, es trans-media, es decir historias que se expanden a través de múltiples plataformas, donde cada pieza es autónoma y pone lo mejor de sí al ecosistema narrativo, y donde, a la vez, participa activamente el usuario. El objetivo es transmitir el mensaje, pero también emociones. 𝐔𝐧𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐚 𝐜𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧 𝐚𝐛𝐢𝐞𝐫𝐭𝐨.
Hace poco tuve la suerte de concluir la maestría en Comunicación Transmedia en la Universidad Andina del Ecuador, de donde salí no solo agradecido sino transformado. Ahora toca compartir lo aprendido y es lo que hicimos la semana pasada en el taller “𝐏𝐞𝐫𝐢𝐨𝐝𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐦𝐞𝐝𝐢𝐚 𝐞 𝐈𝐧𝐭𝐞𝐥𝐢𝐠𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐀𝐫𝐭𝐢𝐟𝐢𝐜𝐢𝐚𝐥”
(foto), junto a Solidar Suiza y la Unifranz Santa Cruz, todo con apoyo de la Embajada Suiza.
Comparto este sentir para que se la considere entre los colegas de los nuevos tiempos, para que se la tome en cuenta en las carreras de comunicación y periodismo y, en especial, para contagiar esta pasión a los futuros colegas y quienes piensan estudiar alguna de estas dos ramas, que, les aseguro, 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐧 𝐦𝐚́𝐬 𝐯𝐢𝐯𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚.

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