La noche cayó sobre la sede de gobierno con un aire solemne. En un acto público realizado este fin de semana en la ciudad de La Paz, el candidato a la Alcaldía por la agrupación Venceremos, Waldo Albarracín, fue distinguido con el “Premio Democracia 2025–2026”, un reconocimiento a su trayectoria en la defensa de los derechos humanos y las garantías constitucionales en Bolivia.
En medio de aplausos contenidos y miradas expectantes, Albarracín tomó la palabra. Agradeció el reconocimiento y subrayó que la democracia no es patrimonio individual, sino una construcción colectiva. “Recibo este reconocimiento con humildad y con la convicción de que no pertenece a una sola persona, sino a todos aquellos hombres y mujeres que, en tiempos difíciles, decidieron no callar”, expresó.
Recordó que en 2004, cuando asumió la responsabilidad como Defensor del Pueblo, entendió que la defensa de los derechos humanos no era una opción, sino un deber moral. Evocó momentos de tensión institucional en el país y sostuvo que la democracia se protege “con valentía, con diálogo y con la fuerza de la verdad”.
Albarracín cuenta con una extensa trayectoria pública: presidió la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia entre 1992 y 2003, ejerció como Defensor del Pueblo entre 2004 y 2010, fue rector de la Universidad Mayor de San Andrés y también encabezó el Comité Nacional de Defensa de la Democracia. En su intervención afirmó que el premio refuerza su compromiso con la protección de derechos y la institucionalidad en el país.
El discurso tuvo también un tono íntimo. El candidato agradeció a su esposa, hijos y nietos, a quienes describió como su refugio en los momentos más complejos. “Su amor constante me recordó siempre que la lucha por la justicia tiene sentido porque se busca un mejor país para nuestras familias y para las futuras generaciones”, afirmó.
El acto cerró con un mensaje que sintetizó la jornada: la democracia, dijo, no se hereda. Se construye y se defiende cada día. En una ciudad marcada por la intensidad política y el debate permanente, el reconocimiento a Albarracín se inscribe en ese escenario donde la memoria institucional y la contienda electoral hoy vuelven a cruzarse.

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