Hace apenas una década, el phapi, o charque de pescado, se encontraba fácilmente en diversos puntos de la ciudad de El Alto y en la popular plaza Garita de Lima de la ciudad de La Paz. Sin embargo, hoy en día, es casi imposible hallarlo.
Mamani, quien sigue vendiendo este alimento ancestral, sale cada noche desde las 18:00 hasta las 21:00. A pesar de su esfuerzo, algunas noches apenas logra recaudar Bs 50, y lo que no vende lo guarda, ya que este tipo de charque puede conservarse por más de un mes sin perder su calidad.
«Ya no me compran como antes. Los jóvenes de ahora no lo conocen, prefieren las salchipapas. Este es un alimento más sano, pero lamentablemente no lo valoran. Solo mis caseros fieles son quienes lo compran y lo comen con pan de Laja», añade Mamani.
Un legado que se desvanece
El historiador paceño Randy Chávez explicó a El Alteño la profunda historia del phapi. «Es un alimento prehispánico, que existía mucho antes de la llegada de los españoles a América», afirmó Chávez. Según el historiador, el phapi es de origen quechua e inca, y los habitantes de la región del lago Titicaca criaban isphi, un pequeño pez que luego secaban para conservarlo.
Este pescado deshidratado era utilizado por los chasquis, los mensajeros incas, quienes lo llevaban junto a charque de carne y maíz seco en sus largas travesías por el imperio. Incluso la nobleza inca disfrutaba de este alimento. «Recientemente, en el Lago Sagrado, se han encontrado momias que fueron enterradas con varios alimentos, entre ellos la coca y el charque de isphi», reveló Chávez.
El phapi, un tesoro gastronómico y cultural, está en riesgo de desaparecer, junto con el conocimiento ancestral que lo acompaña. A medida que las nuevas generaciones se alejan de estas tradiciones, alimentos como este enfrentan una lenta extinción.
Con datos del El Alteño

