Siempre me había tocado estar del otro lado del teléfono cada qué el municipio de Guanay se inundaba, siempre preocupada por mis papás, pero anoche viví de cerca lo que siente el pueblo.
Cada año, en época de lluvia, hay un temor que los ríos Tipuani y Mapiri intentan juntarse llegando a las viviendas.
Nadie durmió en Guanay. Las aguas del rio crecieron hasta cubrir prácticamente medio pueblo. Algunos del lugar comentaron que no veían esos niveles de agua desde el 2020.
Hasta la madrugada de hoy estuvimos en total oscuridad por el corte de luz. Las calles se llenaron de muebles, electrodomésticos y todo tipo de mercadería de los mercados del lugar. Familias enteras incluidos los niños trasladaron todo lo que pudieron y como pudieron. No hubo apoyo de ningún sector, ni de guardias municipales, solo se vio a algunos policías y militares del pueblo, pero ya era muy tarde para lograr recuperar algo.
La mañana de hoy no cambio mucho el panorama, fue igual de triste. Lodo y escombros se veía por todo lado.
Es muy lamentable que el municipio no haya tenido hasta ahora autoridades y representantes con la capacidad de dar soluciones o al menos un plan de gestión de riesgos, quizá un plan de evacuación.
Los del lugar usan piedras o botellas como indicadores de desbordes ante la falta de alarmas. Pedir apoyo para prevenir y planificar sería más beneficioso que pedir apoyo para atender a afectados. Ojalá la gente del lugar elija a las autoridades para trabajar por este pueblo, quizá así lo entendieran.
Es muy triste que la gente tenga que velar por la crecida de los ríos todas las noches.

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