Alejandra Pau / La Paz / Página Siete
¿Ha quedado obsoleto el ramo de flores? “Y de qué sirve el ramo de rosas en esta fecha si el resto del año nos violentan o nos matan”, dice Adriana Mendoza Bautista, de 25 años. Hoy es el Día de la Mujer Boliviana, la flor o el ágape fugaz en la oficina están a la orden de la jornada; pero para cuatro mujeres jóvenes que pertenecen a distintos colectivos feministas el 11 de octubre no es una fecha para recibir felicitaciones.
El activismo feminista en Bolivia no es nuevo; colectivos, organizaciones y articulaciones han trabajado durante años y tienen emblemáticas representantes. No obstante, en los últimos años una nueva generación de mujeres bolivianas acompaña el boom que se ha generado en la región y varias partes del mundo, y cuya presencia se siente en movilizaciones como el Día Internacional de la Mujer o el Día de Acción Global por el aborto legal y seguro.
Para estas mujeres menores de 30 años el feminismo es “una causa, una trinchera, una fuerza, un derecho” y más. Consideran que entre los detonantes para la visibilización sin precedentes de este movimiento está: el incremento de la violencia de género y los feminicidios, la presión para la aprobación de la Ley 348 para garantizar a las mujeres un vida libre de violencia, la articulación de un movimiento internacional, las redes sociales como espacio para establecer lazos, compartir información y denuncias.
“Creo que los espacios que hemos ido ocupando, que no son los espacios de las concesiones formales, han permitido que las mujeres tengamos lugares de consideración y discusión pública que nos han dado mayor visibilidad (…). Esto de alguna manera ha contribuido a romper con los silencios de la violencia, de la discriminación, de la exclusión, entre otros; pero, por otro lado, también esto se ha visto nutrido en una relación cercana , no solo en un ámbito nacional, sino internacional, con el surgimiento de un fuerte movimiento de mujeres”, destaca la politóloga y representante del movimiento Pan y Rosas, Violeta Tamayo Oliver, de 27 años.
Tamayo es dirigente de la Liga Obrera Revolucionaria (LORCI) y de Pan y Rosas, una organización con militantes trotskistas e independientes que tienen como punto común abordar los problemas de la opresión de género desde una perspectiva de clase.
De esta forma, esta visibilización de la luchas de las mujeres que va de la mano de la juventud se nutre del panorama internacional, pero no para replicarlo, sino para articular un movimiento con reivindicaciones propias. Para Tamayo, Bolivia está siendo fortalecida por una creciente consciencia de que la violencia contra las mujeres no debe seguir siendo soportada, callada o escondida.
Según las activistas jóvenes, las acciones de hoy van más allá de la indignación para mostrar una capacidad potencial de organización, que antes no se visilizaba con la fuerza que tiene en el presente.
La “acidez” del patriarcado
Por su parte, la politóloga Anahí Alurralde Molina, de 27 años, parte de #NiUnaMenos considera que otro detonante importante fue el hartazgo frente a “la respuesta ácida del patriarcado” respecto a las mujeres que deciden asumir la autonomía y decisión sobre sus vidas, cuerpos y cuestionan roles como la maternidad.
“La violencia, como una forma de control del patriarcado, empieza a ser un detonante para la movilización de las mujeres (…). En Argentina empieza a articularse el #NiUnaMenos como una forma colectiva de repudio a las cifras de horror que se estaban viviendo y en nuestro país estos patrones empiezan también a visibilizarse”, destaca Alurralde.
Alurralde empezó a hacer militancia feminista en Ecuador durante una especialización profesional hace alrededor de seis años y para ella la lucha feminista es parte de su ser como mujer.
En tanto, en Bolivia la violencia de género sigue en cifras rojas. Entre enero y junio de 2018, hubo 61 feminicidios. A ello se suman 726 violaciones sexuales según un informe de la Fiscalía General del Estado difundido en julio.
Ser lesbiana y alzar la voz
La psicóloga Shadé Mamani Calisaya, de 27 años, “salió del closet” hace seis años para declararse lesbiana.
Hace dos años y medio fundó el colectivo Wiñay Wara DSG (Diversidades sexuales y de género), una organización que busca trabajar destacando la participación de las mujeres con diversidades sexuales.
“Uno de nuestros principios fundamentales está en velar por las mujeres, lesbianas, bisexuales y trans (…). Para nosotros se trata de empoderar a nuevos y nuevas líderes, trabajando además con el tema de la interseccionalidad, que se refiere a cómo en la sociedad nos reconocemos como indígenas con diversidades sexuales, que aunque parezca que no existían, han estado aquí desde siempre”, explica.
El colectivo aborda además problemáticas como la lucha contra la violencia intragénero, entre personas o parejas gays y lesbianas.
Para la psicóloga, el activismo era una tarea pendiente que le debía a la adolescente que fue y que a los 16 años intentó suicidarse al no saber qué hacer siendo lesbiana y no encajar con los roles que la sociedad le demandaba.
De la violencia y al feminismo
Adriana Mendoza Bautista es egresada de la carrera de Fonoaudiología y es parte de la Red Nacional de Líderes Juveniles Tú Decides, cuyo trabajo pone énfasis en derechos sexuales y reproductivos. La red tiene alrededor de 400 miembros en el país.
Cuando empezó su carrera universitaria fue víctima de violencia por parte de su enamorado. Decidió terminar con la relación después de asistir a talleres que ofrecía el municipio paceño, en ellos aprendió sobre la violencia contra la mujer. Desde entonces asume que el feminismo es un aprendizaje constante en su vida.
El área de trabajo que prefiere se enfoca en la incidencia política y ser un nexo entre la juventud y los tomadores de decisiones.
“La mayoría de las adolescentes y jóvenes no conoce sus derechos sexuales y por ello se registran cifras altas de embarazos, necesitamos que estos derechos se garanticen (…). Por eso, nos involucramos en dar información para la prevención de embarazos y transmisión de ETS y como organización decidimos apoyar la despenalización del aborto o el aborto libre”, manifiesta.
Sin fecha de caducidad
Una de las posiciones más recurrentes de los detractores de los movimientos feministas es que es una moda. Las entrevistadas afirman que este es un movimiento emergente y sin fecha de caducidad.
Por el contrario, concuerdan que la capacidad que tienen para articularse, a pesar de tener diferencias políticas y de otra índole, ha fortalecido su visibilización a nivel nacional. Prima entonces el objetivo de luchar por las demandas y los derechos de las mujeres.
Las activistas y militantes feministas coinciden en que entre las causas urgentes está: el aborto libre, seguro y gratuito; el cumplimiento real y efectivo de la Ley 348 (prevención, atención y sanción); la educación sexual integral; la independencia económica y eliminación de la brecha salarial.
Frente a este panorama de conquistas pendientes, asumirse como los “seres más sublimes” que reciben flores el 11 de octubre ha dejado de ser significativo.
Punto de vista
Andrea Terceros Warmis en Resistencia – Espacio de Mujeres
“En el Día de la Mujer Boliviana nosotras salimos al frente en esta fecha diciendo ‘nada que festejar’, porque existe esta romantización del rol de la mujer en la sociedad, desde el punto de vista que la mujer es un objeto, como ‘la cosa más sublime’. La mujer no es tomada en cuenta como un ser humano y hasta que sea así, no habrá nada que festejar. Si fuera realmente tanta la idolatría hacia la mujer no nos estarían matando, violando, acosando en las calles; si esto fuera real, no tendríamos los índices tan altos de violencia que tenemos”.
“Creo que con la democratización del acceso al internet y a las redes sociales a nivel global se ha logrado constatar que el feminismo es el movimiento más internacionalista de todos (…). Las mujeres estamos movilizadas y lo hemos hecho evidente en más de 160 países el 8 de marzo en los últimos tres años. Y antes de hacerlo nos sentamos a hablar entre todas a través de conferencias”.
“Nos dicen feminazis, asesinas por el tema del aborto, nos amenazan con violarnos y matarnos cuando salimos a las calles (…); pero ya existe una parte de la sociedad que se suma a nosotras”.
“Creo que es una fecha para cuestionarse: ¿por qué después de tantos años no tenemos una presidenta mujer? Pero también sobre qué hacemos como mujeres lesbianas, héteros y demás para salir de los roles que nos impone la sociedad”.

“Es una fecha en la que no necesitamos felicitaciones porque aún vivimos en la inequidad y desventaja, y además para analizar si se ha avanzado en el ejercicio de nuestros derechos”.

“No me parece una fecha que haga honor a las luchas cotidianas de las mujeres (…). Creo que se hace honor a nuestra lucha contra la opresión cuando las compañeras pelean por su territorio, arriesgando incluso su vida; cuando se cuestiona a la Iglesia sobre la penalización del aborto”.

“Para mí esta fecha tiene un contenido histórico importante por Adela Zamudio; pero la otra arista a la que le encuentro significancia es que es una fecha de denuncia. Creo que no sirve de nada felicitar a las mujeres bolivianas si es a ellas a las que se está matando cada día”.

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