Bolivia

En Sudamérica: Un tercio de los osos andinos puede desaparecer en 30 años

Ximena Vélez Liendo, la bióloga orureña fotografiada junto a un oso pardo.
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La bióloga orureña que acaba de recibir el premio Whitley 2017 describe la situación vulnerable de los jukumaris en Sudamérica.

La bióloga orureña Ximena Vélez Liendo ganó hace unas semanas el premio Whitley 2017, conocido como el “Oscar verde”, con un proyecto referido a la convivencia entre estos animales  y gente en el sur de Bolivia. Para la especialista  se deben asumir   medidas urgentes para salvaguardar a esta especie, de otro modo se podría perder un tercio de su población en las próximas décadas.

“Si las amenazas que actualmente tienen no cesan o no se reducen en los siguientes 30 años, la probabilidad de que se pierda un tercio de su población a nivel Sudamérica es muy alta. Si tomamos esto solamente como una idea y pensamos en total de osos que existen un tercio sería como si toda la población de osos en Bolivia fuera a desaparecer”, explica Vélez-Liendo.
Este mamífero cuyo estado es vulnerable  habita también en Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. Se estima que existen de 10.000 a 13.000 individuos adultos en Sudamérica, aproximadamente 3.000  están en Bolivia, cerca de un tercio de su población total.
El proyecto Conservación a través de la coexistencia: osos andinos y gente, se enfoca en el municipio de San Lorenzo en Tarija y es cofinanciado por el Zoológico de Chester, Reino Unido, la Universidad de Oxford (laboratorio WildCRU) y  la ONG Prometa de Tarija.
El proyecto, que comenzó en 2016, trata de entender las dinámicas de conflicto entre la gente y los osos andinos y la identificación de alternativas que faciliten una convivencia con mayor tolerancia.
Con aproximadamente  50.000 dólares que otorga el premio Whitley,  organizado por la Whitley Fund for Nature (WFN),  el área de acción del estudio se ampliará a otras comunidades de la provincia Sud Cinti, Chuquisaca.
Será además la primera investigación en Bolivia que realizará un  estudio poblacional de esta especie en el  sur del país. Para ello,  utilizan trampas con cámara que se activan cuando un animal pasa frente a los dispositivos.

El “jardinero de los andes”

 En algunas regiones lo llaman  “jardinero de los andes” porque uno de sus roles más importantes es ser dispersor de semillas. Debido al tipo de dieta que tiene disemina muchas  de ellas y va regenerando los bosques.
 “Otro rol que tiene es  ser una especie clave porque en regiones en donde se los observan  con crías se puede determinar que es un área saludable”, detalla la bióloga.
El oso andino además  es una “especie paraguas”, lo que significa que como cada espécimen habita en un territorio muy extenso hay muchas especies que viven dentro de ese “paraguas”, al protegerlo se está salvaguardando a todas las  incluidas en estas extensiones de tierra.

 Una convivencia necesaria

 La dieta del oso andino es 90% vegetariana, pero al ser omnívoro puede alimentarse también de insectos y animales. Debido a la pérdida de su hábitat y el cambio climático deja las zonas en las que acostumbra vivir en búsqueda de alimento.
El principal conflicto en la región en la cual se realiza el estudio es la pérdida de ganado de sus habitantes, que aunque no representa cifras elevadas causa actitudes negativas hacia los osos.
Debido a la pobreza que se vive en esas localidades la pérdida de un animal hace que la tolerancia a estas situaciones sea mínima. Si sus habitantes se encuentran con un oso andino existe una alta probabilidad de que lo maten.
Vélez-Liendo explica que muy poco o nada se ha hecho sobre esta problemática en los bosques secos interandinos porque han sido muy utilizadas por la gente y están altamente fragmentadas.

Las medidas urgentes

 Si bien la investigación no garantiza que la pérdida del ganado terminará o disminuirá, se está trabajando junto a las comunidades para identificar actividades económicas adicionales y alternativas que signifiquen una remuneración  y coadyuve a la merma de sus animales. Uno de esos proyectos es la producción de miel.
No obstante, para la ganadora del premio Whitley 2017 no es posible salvar al oso andino con un cambio de actitud que sólo involucre a la población que está en contacto directo con esta especie.
“Es necesario que la gente de las ciudades tenga mayor conciencia de los efectos de sus acciones, no solamente en el medio ambiente sino con los animales. Una gran cantidad de gente en Bolivia no sabe que hay osos andinos y que están en peligro de extinción. Hay un gran desconocimiento, lo que hace que no se aprecie lo que se tiene y que no haya problema en seguir matándolos”, argumenta.

El tráfico y la esperanza

 Una amenaza que es cada vez más visible, según la especialista,  es el comercio ilegal de partes de cuerpos de osos andinos, algo que está pasando con el jaguar que es cazado ilegalmente para vender sus colmillos, pieles y otros en el mercado asiático.
“La bilis del oso es muy preciada en estos mercados, esto puede ser igualmente alarmante para su población”, enfatiza Velez-Liendo.
Con el premio Whitley tienen garantizado  un año de trabajo, las instituciones que apoyan la investión mantienen la intención de extender el estudio por cinco años más para que se extienda por la cuenca del río Pilcomayo y  el río Grande.
Actualmente, el proyecto está trabajando además en la materialización de  un Plan de Acción para la Conservación del Oso Andino para Bolivia, además de la capacitación de las comunidades involucradas y nuevos biólogos bolivianos debido al poco apoyo que existe en Bolivia a la investigación, según menciona la boliviana premiada.
“Para mí este premio es muy importante porque, además del apoyo económico, es una plataforma que nos puede ayudar para continuar en nuestra iniciativa… Me da oportunidades para hacer conocer la situación de esta especie y aplicar a otros fondos. Pone al oso andino en la agenda nacional e internacional”, concluye Vélez-Liendo.

 La dama de los osos

Nació en Oruro en 1977, al graduarse del colegio decidió estudiar veterinaria en Beni. A pocas horas de partir, un encuentro con una  amiga cambió todo, su excompañera de colegio le contó que estudiaría Biología, al escucharla Ximena Vélez-Liendo se convenció de que eso era lo que quería y se trasladó a Cochabamba para estudiar en la Universidad Mayor  de San Simón.
Inicialmente quería estudiar el comportamiento de gorilas, fue durante su último año de carrera que tuvo la oportunidad de hacer su tesis enfocándose en el oso andino.
Para ello se trasladó al Parque Nacional Carrasco, el primer día pudo observar a uno de estos mamíferos omnívoros, fue tan especial su experiencia que decidió seguir estudiándolos.
Luego de realizar su maestría en Inglaterra, su doctorado en Bélgica hizo el postdoctorado en Bolivia. “Retomé el trabajo del oso con trabajos independientes y con el doctorado que realicé a nivel nacional”, detalla.
El resto es historia, una llena de trabajo e investigaciones y el premio es el resultado de 18 años trabajando por la conservación del oso andino.
Vea las imágenes en nuestro facebook

/Alejandra Pau /Pagina Siete

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