Trabajadores y extrabajadores de la Fundación Patiño en la ciudad de La Paz reiteraron sus denuncias por acoso laboral y el descuido del patrimonio cultural que alberga la institución.
Según la denuncia que conoció RC Noticias de Bolivia, trabajadores que llevan aproximadamente 20 años en la Fundación comentaron que, desde el cambio de la exdirectora Michela Pentimalli, sus derechos laborales dejaron de ser respetados, así como la organización de exitosas exposiciones de artistas plásticos y presentaciones en sus salas, además del cierre de sus importantes bibliotecas, que, aseguran, fue ordenado desde Ginebra, donde tiene su sede la Fundación creada por los herederos de Simón I. Patiño.
También comentaron que hasta 2019 se otorgaban becas de pregrado y posgrado a bachilleres y profesionales bolivianos, lo que luego se suspendió.
En septiembre de 2021, Sussy Soto asumió la dirección de la institución en La Paz y desde entonces, explican, se decidió cerrar varias actividades artísticas y culturales, para centrarse en lo educativo y la salud. En ese entonces, ya denunciaron una «masacre blanca» en las bibliotecas en Santa Cruz, Cochabamba y La Paz con el despido de profesionales con varios años de antigüedad. Recordaron que ya en 2016 se cerró la galería de arte en Santa Cruz de la Sierra.
Es importante recordar que la FUSIP, sus centros de información y documentación y las bibliotecas, constituyen un patrimonio cultural y documental boliviano, conformado por una colección central y además donaciones de las bibliotecas privadas de reconocidos intelectuales, académicos, artistas e investigadores (algunos ya fallecidos) como Rubén Vargas, Pedro Querejazu, Patricia Tordoir, Alfredo La Placa, Luis Ramiro Beltrán, Valeria Paz, Marta Monzón, Juan Carlos Calderón, Norma Merlo, Pedro Susz, Marta Cabrejos, Elías Blanco, Jesús Durán y Cecilia Martínez. Asimismo, albergan material como la «Biblioteca Mendicante» del gran historiador boliviano Josep Barnadas, y la colección completa de libros de los escritores Jesús Lara y Augusto Guzmán. Asimismo, se contaba con un archivo fonográfico, con colecciones de discos de vinilo y carbón originales, algunos bastantes antiguos
Actualmente, el destino de todo este material de los Centros de Información y Documentación (CID) en Cochabamba y La Paz es incierto. Según la denuncia, fue trasladado en cajas a depósitos en los sótanos, donde hay humedad, bajas temperaturas y poco cuidado.
Recientemente, las redes de la Fundación Patiño anunciaron la apertura de sus bibliotecas, pero como espacios de lectura. Entonces, solo se puede acceder a colecciones publicadas hace poco y no a los archivos.
Por otro lado, los trabajadores recuerdan que el edificio nuevo en La Paz fueron pensados para el libre acceso de los artistas, profesiones, creadores y sin fines de lucro. Sin embargo, «ahora cobran de todo», dice la denuncia, señalando las clases de ajedrez y robótica, entre otras, que se imparten actualmente con montos de aproximadamente 50 bolivianos. Asimismo, el teatro Doña Albina, pero «para disimular», indican, crearon el programa ‘Albina en familia’, mediante el cual los artistas de artes escénicas y musicales tienen un 50% de descuento. Pero los beneficiarios son elegidos directamente.
La tercera observación que hacen es que, con la nueva dirección, «ya no se respetan los derechos laborales», en relación a horas extra, vacaciones, compensaciones de tiempo y el estado de salud.
Según la denuncia, incluso se entregó «coimas» a los inspectores del Ministerio de Trabajo para impedir que los procesos iniciados por trabajadores y extrabajadores lleguen a una sanción para la Fundación.
«Lo tenemos documentado. Además, los finiquitos que nos han hecho firmar no han sido refrendados por el Ministerio de Trabajo», aseveran.
«En diciembre de 2021, nos han reducido el bono de antigüedad», afirman, el mismo que estaba consolidado hace 30 años. Les argumentaron que el bono de antigüedad era solo para «entidades productivas», pero la Fundación es sin fines de lucro. «Nos hicieron una liquidación, nos hicieron firmar una adenda al contrato. Nosotros como empleados, después de la pandemia y la ‘masacre blanca’, nos vimos en la necesidad de firmar sin reclamar», comentan. Esto afectó a los trabajadores con antigüedad, que era la mayoría en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. También les aseguraron que se debía a problemas económicos de la Fundación.
Meses después, acudieron al Ministerio de Trabajo para consultar sobre la legalidad de estas decisiones. Sin embargo, empezaron a recibir acoso laboral. Entonces, acudieron a la Central Obrera Boliviana (COB), que les contactaron con el viceministro de Trabajo. También enviaron consultas a la Cancillería.
«Aparte de la reducción salarial, existe un acoso laboral permanente contra todos los trabajadores antiguos. Hay un desprecio total al arte y la cultura», agregaron. También les aumentaron las horas de trabajo, cambiaron los horarios, no reconocen el horario nocturno con el pago adicional, ni transporte. Consideran que el directorio en Ginebra no conoce sobre esta situación.
A la vez, denuncian que actualmente contrataron a nuevo personal para el área educativa, pero que son «allegados y familiares» de la directora. «Nos informaron también que el hijo de la directora está en planillas como encargado de Culturas a nivel nacional», agregan.
«Retiraron a todos los compañeros de las bibliotecas y reincorporaron a dos; al que estaba encargado del Centro del Cómic y su auxiliar. Pensamos que todos volverían, porque muchos de ellos siguen sin trabajo. Ahora, el responsable de Educación en La Paz es Francisco Leñero, que es estudiante de veterinaria y da cursos de robótica a los niños. Es una contradicción a lo que siempre hizo la Fundación, que tenía maestros capacitados, incluso del extranjero. El encargado de Cultura a nivel nacional es un ingeniero agrónomo que radica en Santa Cruz», detalla la denuncia.
También comentaron que cuando intentaron organizarse, les dijeron que el próximo año se cerrarán las salas de exposiciones y auditorios, por lo que sus puestos de trabajo estaban en riesgo.
«Contrataron a personal nuevo que no hace nada. Hay dos ingenieros, uno está encargado de mantenimiento para un edificio prácticamente nuevo; el otro solo se dedica a escuchar llamadas telefónicas, intervenir el WhatsApp y las computadoras», afirman.
Indican que la promoción de educación ha pasado de becas para bachilleres y profesionales, a cursos de ajedrez y robótica para niños de pocas horas. «Antes, la Fundación daba la sala y el vino de honor a los escritores que presentaban libros, hoy tiene que pagar todo, traerse su vino y bocaditos. Para disimular escogen a unos cuantos para darles gratis», detallan.
Aseguran que las humillaciones son constantes, ya que deben detallar hasta cuánto tiempo van al baño. También explican que cuando no hay trabajo porque no se organizan actividades les «mandan a sus casas», pero a cuenta de vacación.
Específicamente, en La Paz se retiró a 10 funcionarios de las bibliotecas y 7 trabajadores con antigüedad permanecen trabajando. Además, 16 personas ingresaron en esta gestión y habrá 3 más.
La actividad más reciente que indignó a los trabajadores fue la presentación en la Feria Internacional del Libro de La Paz 2023, donde el stand de la Fundación tenía alfombras remendadas, vitrinas con vidrios rotos y muebles abollados. «Parece que hay malversación de fondos en la administración de La Paz», añaden.
Su pedido es el respeto a los derechos laborales y que se cumpla con las leyes bolivianas. Además, que se resguarde como se debe el patrimonio que está en manos de la Fundación y se vuelva a dar el servicio de excelencia que caracterizaba a la institución.

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