El Real Madrid se proclamó campeón de la Copa del Rey tras imponerse por 2-1 a Osasuna en la final disputada en el Estadio de La Cartuja. Rodrygo huyó de guerras y revoluciones y se centró en acomodar a su equipo una vez más en el trono con la autoría de los 2 goles blancos en Sevilla.
Rodrygo fue el rey de la Copa. Y el Real Madrid, campeón de la Copa del Rey. Con tanto monarca, sobraba cualquier revolución, movimiento que siempre se llevó, como poco, regular con los inquilinos del trono. Vinicius empezó con una clara candidatura a ser el rey del partido, pero se entretuvo en nuevas batallas que poco le aportaron a su gran rendimiento en el primer tiempo.
Es innegable el mayor estatus de los blancos, pero no menos lo es el valor, la valentía, el nivel y la imagen que dio Osasuna. El pueblo llano, siguiendo con el simil, se quiso levantar y de hecho llegó a derribar las puertas de palacio, una zona descuidada tras el relajamiento de la realeza con el 1-0. Se adelantaron muy pronto los ‘merengues’, que dejaron dudas en la gestión de la ventaja y, sobre todo, en las piernas de un Militao que sigue sembrando miedos.
Ni se habían completado los 2 minutos de juego cuando el equipo de Carlo Ancelotti ya mandaba en el marcador. Y apenas se necesitó algo más de tiempo para ver que era la noche de Vinicius. El ’20’ campaba a sus anchas por la izquierda, desesperando el doble marcaje Moncayola-Rubén Peña que de poco sirvió. Aunque más tarde, se comprobó que, pese a tenerlo todo para presidir la noche, su candidatura se vino abajo y fue Rodrygo, al que podrían apodar el ‘Silencioso’, el que acaparó portada.
Ambos fueron protagonistas en el primer tanto. Por la izquierda, Vini se fue de Moncayola, primero, y de Rubén Peña ya casi en la línea de fondo. Entonces, levantó la cabeza y vio a Valverde en el área, pero el charrúa no remató. Por detrás, llegó Rodrygo para rematar en el área chica y batir a Herrera con algo de suerte, ya que Aridane rozó el balón antes de que entrase.
El olfato del ex de Santos le dio un premio que suele encerrar un peligro. En el fútbol, no son todo buenas noticias con un gol tan tempranero. Aparecen relajaciones, excesos de confianza y demás síntomas que pueden terminar mal para el equipo, a priori, beneficiado.
Vinicius siguió volando por su banda y cambiándole la cara a cada rato a Moncayola. Pero, a la vez, Osasuna se fue regenerando y reaccionó de la mejor forma posible, con presencia en el área rival. En solo 2 minutos, Aridane, con un testarazo tímido; Budimir, con un testarazo que blocó Courtois; y Moncayola, que obligó a Courtois a estirarse, le dieron algún dolor de cabeza al Madrid.
La relajación de los blancos no llegó hasta la segunda parte. A pesar de que los rojillos empezaron a bombardear el área de Courtois y a ganar absolutamente todos los duelos, remates y centros, Sergio Herrera tuvo que salvar el 2-0 con una espectacular mano a Benzema. Y cuando el meta no llegó, lo hizo el larguero para dejar sin premio a Alaba con su trallazo de falta que se estrelló en el travesaño.
Vinicius, mientras, seguía divirtiéndose. Desde la frontal, buscó la escuadra más alejada y no la encontró por centímetros. Pero el ambiente se le caldearía muy pronto. Tras alguna falta y alguna protesta, hasta Ancelotti tuvo que regañar a un brasileño que vio amarilla y que se fue tras su ya tradicional gesto de tocarse el escudo ante la afición rival a vestuarios. Y allí, se las tuvo con el Chimy, que tuvo que ser frenado por Lucas Vázquez.

La corona peligró, pero Rodrygo calmó la revolución
Nada tuvo que ver la primera con la segunda parte. Aparecieron errores, relajaciones, pasos atrás y demás síntomas que hicieron enfermar al Real Madrid. No se le debe quitar mérito a Osasuna, que se aprovechó de esa revolución para rebelarse, adelantar líneas, ganar posesión y empatar. La autovía libre de tráfico que tenía Vinicius ya no fue total. Ni su cabeza ni sus piernas estaban igual de frescas, por un lado, y la Guardia Civil ya se sabía algunos trucos.
Benzema y el propio Vinicius tuvieron un par de remates desviados al inicio del segundo tiempo, justo antes del cambio de roles. Y no necesitó Osasuna mandar demasiado tiempo para encontrar la recompensa. En el 57′, Lucas Torró marcó el empate. Abde centró desde la izquierda y la pelota, tras dar en Carvajal, salió rebotada a la frontal del área. Allí, Torró soltó un derechazo que llevó la pelota al lateral de la red de un Courtois que no pudo hacer nada por evitar el 1-1.
El Madrid estaba aplatanado, pero tenía aún media hora para asearse, echarse agua en la cabeza y llegar a punto para la fiesta. Y justamente eso hizo por mucho que pudo estropearlo Militao. El central ha pasado de trasladar seguridad y sobriedad a nervios e inseguridad. Deja pérdidas incomprensibles y pierde, junto a Carvajal, alguna pelota en fase defensiva que, esta vez, no supuso peligro alguno para su equipo.
Ancelotti retocó el once y adelantó a Camavinga al centro del campo tras meter a Rüdiger y mandar a Alaba al lateral zurdo. Poco después de ese cambio, llegó el segundo de Rodrygo.
El brasileño puso el 2-1 tras una buena internada de Vinicius y un error de David García. No despejó el defensa el envío apurado de Vini, sobre la misma línea de fondo, y le cayó a Kroos la pelota. El alemán tiró, bloqueó un defensa y el cuero le cayó manso a Rodrygo, que batió por alto a Herrera y acercó al Madrid al título.
Ahí se terminó de romper el partido. Osasuna increpó con algún centro peligroso y algún error de la zaga ‘merengue’, pero las más claras fueron para Alaba, con un remate por encima de la escuadra, y Vinicius, que quiso ser generoso y darle un gol a Benzema que evitó Herrera acertando la intención e interceptando el pase.
El pitido final liberó unos papelillos blancos y dorados que deberán ser rápidamente barridos de la mente de los madridistas ante la inminente e imponente cita de Champions ante el Manchester City del próximo martes.

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