La pregunta que nadie debería ignorar
¿Qué ocurre cuando los niños entran todos los días a una escuela ubicada a pocos metros de actividades mineras, depósitos y movimiento de minerales?
Esa es la pregunta que intenta responder una investigación de monitoreo ambiental comunitario realizada en Potosí por el colectivo Acontravia, junto con habitantes de las zonas de Cantumarca y Pailaviri y estudiantes de unidades educativas de ambos sectores.
Los resultados que presenta el colectivo son preocupantes.
El estudio analizó la presencia de arsénico, antimonio, cadmio, plomo y zinc, elementos asociados a actividades mineras y que, dependiendo de la concentración y la vía de exposición, pueden representar riesgos para la salud y los ecosistemas.
Las muestras fueron tomadas en sectores donde conviven diariamente estudiantes, profesores, trabajadores administrativos y familias.
Y el resultado que plantea la investigación es contundente, los cinco elementos analizados fueron detectados en las muestras de polvo estudiadas.
La contaminación también está dentro de las escuelas
Uno de los puntos que más llama la atención está en la unidad educativa Manuel Ascencio Padilla, ubicada en la zona de Campamento Pailaviri.
Según Acontravia, durante el monitoreo se identificaron depósitos visibles de material mineralizado en distintos sectores de la infraestructura, entre ellos ventanas, patios y barandas.
La organización sostiene que el establecimiento se encuentra a pocos metros de actividades relacionadas con el carguío y descarguío de minerales, además de pasivos ambientales y comercializadoras.
La situación no es menor, porque si el polvo contaminado ingresa o se deposita dentro de una unidad educativa, el problema deja de ser exclusivamente minero o ambiental.
También se convierte en un problema que involucra a la comunidad educativa.
¿Qué encontraron en el polvo?
El monitoreo analizó muestras tomadas tanto dentro como fuera de los establecimientos educativos.
Según los resultados presentados por Acontravia, en las muestras fueron identificados:
- Arsénico
- Antimonio
- Cadmio
- Plomo
- Zinc
El estudio señala además que las concentraciones aumentan en muestras obtenidas en sectores exteriores próximos a las fuentes identificadas de contaminación.
Esto plantea una hipótesis que deberá ser comprobada mediante estudios ambientales y sanitarios oficiales:
que el polvo presente en determinados sectores de Cantumarca y Pailaviri podría estar recibiendo aportes de contaminantes provenientes de actividades mineras.
Las plantas también muestran señales de estrés
El monitoreo no se limitó a los colegios. Acontravia analizó especies vegetales de las zonas de Cantumarca y Pailaviri y reportó diferentes alteraciones visibles en las plantas.
Entre ellas menciona:
- clorosis en las hojas;
- necrosis;
- sequedad;
- marchitez;
- menor desarrollo de las plantas;
- y aborto floral.
El estudio también destaca la ausencia de líquenes en las zonas observadas.
Los líquenes son utilizados en diferentes investigaciones ambientales como bioindicadores de contaminación atmosférica, aunque su ausencia por sí sola no permite determinar qué contaminante está provocando una alteración.
Por eso, este hallazgo debe ser considerado como una señal ambiental que requiere estudios complementarios.
Arsénico, plomo, cadmio y zinc aparecen en la vegetación
El resultado más preocupante presentado por el colectivo aparece en el análisis químico de las plantas.
Según Acontravia, en Pailaviri el 100% de las especies vegetales muestreadas presentó concentraciones consideradas excesivas o tóxicas de arsénico bajo los rangos de referencia utilizados por el estudio.
En Cantumarca, esa proporción habría llegado al 80%.
Respecto al plomo y zinc, el estudio señala que el 100% de las especies analizadas en Cantumarca presentó concentraciones consideradas excesivas o tóxicas.
En Pailaviri, el colectivo reporta concentraciones excesivas o tóxicas de cadmio y zinc en el 100% de las especies estudiadas, mientras que el 80% presentó niveles elevados de plomo.
Acontravia indica que para establecer esos rangos utilizó como referencia los valores publicados por Kabata-Pendias y Pendias (2001).
El dato que más preocupa: 205,82 mg/kg de arsénico
Entre todos los resultados presentados, existe uno particularmente llamativo.
Una muestra de kiswara recolectada en Pailaviri, según el estudio, registró 205,82 mg/kg de arsénico.
Acontravia compara este resultado con un valor de referencia de aproximadamente 1,7 mg/kg para concentraciones aproximadas de oligoelementos en tejido foliar maduro.
De acuerdo con ese cálculo, la concentración encontrada sería aproximadamente 121 veces superior al valor de referencia utilizado por la investigación.
Es importante aclarar algo: este dato corresponde al resultado reportado por Acontravia y requiere ser contrastado mediante análisis de laboratorio independientes y autoridades ambientales competentes antes de convertirlo en una conclusión definitiva sobre riesgo sanitario.
Pero incluso con esa precaución, el resultado merece una respuesta oficial.
Potosí, una ciudad marcada por siglos de minería
La relación entre Potosí y la minería no es nueva. La actividad minera forma parte de la historia, economía y estructura territorial de la ciudad. El problema aparece cuando las consecuencias ambientales de esa actividad terminan alcanzando espacios donde viven, estudian y trabajan las personas.
Cantumarca y Pailaviri no son territorios abstractos; son barrios, son comunidades y allí existen escuelas.
La documentación pública del municipio de Potosí registra, por ejemplo, a la unidad educativa 6 de Junio B dentro del distrito de Cantumarca.
Asimismo, documentación de la propia unidad educativa Manuel Ascencio Padilla ubica al establecimiento en Campamento Pailaviri, con población estudiantil de secundaria y Pailaviri continúa siendo un área vinculada a actividades y conflictos mineros. En marzo de 2025, por ejemplo, se registraron enfrentamientos entre cooperativas mineras por terrenos de Comibol en esa zona, mientras vecinos expresaban preocupación por la proximidad de los conflictos a las unidades educativas.
El problema no termina en una muestra
Si los resultados del monitoreo comunitario son confirmados mediante análisis oficiales, las preguntas serán inevitables:
- ¿Qué niveles de exposición tienen los estudiantes?
- ¿Qué calidad tiene el aire y el polvo que respiran diariamente?
- ¿Qué ocurre con los suelos de las zonas donde juegan los niños?
- ¿Los alimentos producidos o cultivados en estos sectores contienen metales pesados?
- ¿Se ha realizado alguna evaluación epidemiológica de la población?
- ¿Qué instituciones están fiscalizando las fuentes de contaminación?
Y quizás la pregunta más importante:
¿Quién está vigilando la salud de los niños que estudian en estas zonas?
Hasta que esas preguntas tengan respuestas, ningún actor debería apresurarse a afirmar que todos los habitantes están enfermos por contaminación minera.
Pero tampoco sería responsable ignorar los resultados de un monitoreo que señala la presencia de varios metales potencialmente tóxicos.
Una alerta que necesita confirmación oficial
El trabajo de Acontravia debe ser entendido como lo que es: una alerta ambiental que necesita ser contrastada y profundizada por instituciones competentes.
La respuesta no debería ser minimizar los resultados. Tampoco convertirlos automáticamente en una sentencia científica definitiva. Lo que corresponde es medir nuevamente, verificar, comparar y actuar.
El Ministerio de Medio Ambiente, las autoridades departamentales y municipales, el área de Educación y las autoridades sanitarias tienen ahora una oportunidad para responder con datos.
Porque si las concentraciones reportadas se confirman, ya no estaríamos hablando solamente de contaminación minera.
Estaríamos hablando de niños que podrían estar desarrollando su vida y su educación en un ambiente contaminado y eso exige algo más que discursos, exige investigación, transparencia y medidas concretas.
Potosí no puede acostumbrarse a convivir con la contaminación
Durante siglos, el Cerro Rico y la minería han generado riqueza, pero ninguna riqueza puede justificar que una comunidad deba aceptar como normal la contaminación de su entorno. El desarrollo minero y la protección de la población no deberían ser conceptos incompatibles.
La pregunta que queda sobre la mesa es sencilla:
Si el monitoreo comunitario encontró arsénico, plomo, cadmio, antimonio y zinc en polvo y vegetación de estas zonas, ¿Cuándo harán las autoridades un estudio oficial e independiente para confirmar —o descartar— estos resultados?
Con datos de: Milenka Vanessa Almanza López y Oscar Ayala del Colectivo Acontravia.

