“No saquen su basura de sus casas”
La imagen de una ciudad con basura acumulada vuelve a instalarse en La Paz.
Ante la interrupción del servicio regular de recojo, el alcalde César Dockweiler lanzó un pedido inusual a los ciudadanos: guardar temporalmente la basura en sus domicilios y esperar a que los vehículos municipales pasen por cada zona.
“Por favor, no saquen su basura de sus casas”, pidió el burgomaestre.
La instrucción incluye otro detalle que rápidamente llamó la atención: los vecinos deberán estar atentos al paso de los vehículos y reconocerlos mediante una campanita o señal sonora.
“Al escuchar la campanilla, saquen su basura y entréguenla a la camioneta, al camión, a lo que sea que pase por ahí. Nosotros vamos a recoger”, explicó Dockweiler.
La Alcaldía también pidió a los ciudadanos no depositar sus residuos en los contenedores de La Paz Limpia, debido a que esos recipientes pertenecen a la empresa encargada del servicio.
La basura ya está en las calles
Mientras la Alcaldía anuncia su plan de emergencia, la realidad en varios sectores de la ciudad es otra.
Contenedores rebalsados y residuos acumulados fueron reportados en diferentes puntos de La Paz. En las calles Colón y Comercio, frente a la Asamblea Legislativa, la basura llegó hasta parte de la vía. En Sopocachi, en la esquina de Aspiazu y 20 de Octubre, otro contenedor se encontraba desbordado y con residuos alrededor.
En otras zonas, las bolsas fueron abiertas y dispersadas por animales.
La situación llevó a Dockweiler a convocar a la Asamblea de la Paceñidad, con la intención de buscar una salida conjunta a una crisis que vuelve a repetirse.
De las empresas a las volquetas
Ante la falta de una solución con las empresas concesionarias, la Alcaldía decidió asumir directamente parte del servicio.
Dockweiler anunció el despliegue de personal de las subalcaldías, equipos municipales y vehículos para recoger los residuos.
Pero existe un problema: el municipio no cuenta con los camiones compactadores que utilizan las empresas especializadas.
Según el alcalde, esos vehículos pueden transportar aproximadamente 20 toneladas, mientras que las volquetas municipales trasladan alrededor de 1,7 a 2 toneladas. La respuesta será entonces aumentar el número de vehículos y utilizar puntos de acopio para posteriormente transportar los residuos hacia el relleno sanitario.
Y ahora la Alcaldía pretende sumar también volqueteros privados. El municipio pagaría por las toneladas efectivamente trasladadas hasta el relleno sanitario.
¿Y quién pagará por recoger la basura?
Aquí aparece una de las preguntas más importantes de esta crisis.
Dockweiler sostiene que la Alcaldía no pagará a las empresas por un servicio que no hayan realizado.
“Si esta empresa no lleva nada, no se le paga nada”, sostuvo.
Pero, al mismo tiempo, el municipio está movilizando funcionarios, maquinaria, combustible y ahora pretende contratar transportistas privados para cubrir una tarea que forma parte del sistema regular de aseo urbano.
¿Cuánto terminará costándole esta emergencia al municipio?
Y, sobre todo: ¿El ciudadano terminará pagando dos veces por el mismo servicio: primero mediante la tasa de aseo y luego mediante recursos municipales utilizados para cubrir la emergencia?
Es una de las cifras que la Alcaldía debería transparentar.
Bs 240 millones al año para la basura
El propio Dockweiler puso sobre la mesa el tamaño económico del problema.
Según explicó, el municipio destina aproximadamente Bs 240 millones al año al recojo, transporte y disposición final de los residuos.
La información oficial de la Alcaldía sitúa el gasto anual en aproximadamente Bs 224,7 millones, equivalentes a unos Bs 297 por habitante. De ese monto, los ciudadanos aportan mediante la tasa de aseo alrededor de Bs 40 millones, es decir, aproximadamente el 19%-20% del costo total. El restante 81% debe ser subvencionado con recursos municipales.
Dockweiler resumió la situación con una frase que revela la dimensión del problema:
“Hay un hueco que está siendo cubierto por el Gobierno Municipal, pero ese hueco ya es insostenible porque en este momento hay un déficit”.
El alcalde incluso comparó el costo del aseo urbano con otras necesidades municipales: los cinco hospitales municipales demandarían unos Bs 136 millones anuales, mientras que el contrato principal de recojo de basura representa alrededor de Bs 185 millones al año.
El conflicto no empezó ahora
La crisis actual no apareció de la noche a la mañana.
Durante los últimos meses, La Paz Limpia y Trébol reclamaron modificaciones económicas a sus contratos, argumentando que el incremento de costos, especialmente por combustible y salarios, hizo más difícil mantener el servicio bajo las actuales condiciones.
Los trabajadores también respaldaron esas demandas y realizaron medidas de presión. La Alcaldía, en cambio, sostiene que las empresas deben cumplir con sus obligaciones contractuales. El resultado de esta disputa está a la vista; la basura termina en las calles.
Una crisis que ya se había vivido en junio
Lo más preocupante para los paceños es que esta no es la primera emergencia del año.
En junio, la ciudad ya enfrentó una fuerte acumulación de residuos y la Alcaldía tuvo que desplegar personal y vehículos municipales para intentar recuperar la normalidad.
En ese momento también se habló de auditorías, incumplimientos y problemas relacionados con el contrato. Dos meses después, la historia vuelve a repetirse. Esto abre una pregunta inevitable:
¿Qué cambió desde la crisis de junio?
- Si el problema era conocido, ¿por qué no se solucionó?
- Si las empresas tenían dificultades económicas, ¿por qué no se llegó antes a un acuerdo?
- Si la Alcaldía consideraba que existían incumplimientos contractuales, ¿por qué el conflicto llegó nuevamente a las calles?
- Y si el municipio decidió asumir el servicio de emergencia, ¿Cuánto dinero adicional necesitará para hacerlo?
Dockweiler busca nuevas empresas
El alcalde también dejó abierta la posibilidad de modificar el sistema.
La Alcaldía busca que nuevas empresas puedan asumir el servicio, bajo condiciones que permitan garantizar continuidad y calidad.
“Queremos que vengan personas serias, empresas serias que quieran trabajar en esta ciudad y que la quieran tener impecable como nos merecemos todos los ciudadanos de La Paz”, afirmó Dockweiler.
Mientras tanto, la solución inmediata parece depender de volquetas, funcionarios municipales, transportistas privados y una señal sonora que anuncie que llegó el momento de sacar la basura.
La paradoja de la “campanita”
La Paz enfrenta así una situación que parecía impensable para una de las principales ciudades de Bolivia.
Una ciudad que destina más de Bs 220 millones al año al manejo de residuos no consigue garantizar de manera estable que la basura sea recogida de sus calles.
Y ahora el mensaje a los ciudadanos es:
No saquen la basura. Guárdenla en casa. Esperen la campanita.
La responsabilidad del problema no puede atribuirse únicamente a un actor.
La Paz Limpia y Trébol tienen que responder por sus obligaciones contractuales. Los trabajadores tienen derecho a plantear sus demandas. Y la Alcaldía tiene la responsabilidad de garantizar que un servicio esencial funcione, fiscalizar los contratos y encontrar soluciones antes de que la basura vuelva a convertirse en un problema de salud pública.
Pero mientras autoridades y empresas discuten quién tiene la razón, los residuos siguen acumulándose en las calles de la ciudad de La Paz.
Y ahora los paceños esperan la campanita.
La pregunta que queda es simple: ¿hasta cuándo?

