La semilla del amor
La Daniela Mérida Gallery presenta Mi territorio, una exposición individual de la artista boliviana Martina Noriega que propone una lectura contemporánea de uno de los símbolos más extendidos de la iconografía latinoamericana: el huayruro —conocido también como sirari en el oriente boliviano.
El huayruro es una semilla que recorre el continente. Crece en territorios que van desde la Amazonía hasta los Andes —Bolivia, Perú, Brasil, Colombia, Ecuador, Venezuela, Paraguay y las Guyanas— y en cada uno de ellos adopta nombres, usos y relatos distintos: sirari, peonía, tento, chocho. En ese tránsito, se configura como una imagen persistente dentro del imaginario latinoamericano.
En Mi territorio, Noriega aborda esta semilla desde una mirada que articula lo antropológico y lo artístico. Su dualidad cromática —rojo y negro— condensa sentidos asociados a la vida y la muerte, la protección y la abundancia, así como el equilibrio entre fuerzas que sostienen el crecimiento y la continuidad.
Desde esta perspectiva, el huayruro se despliega como una metáfora del amor en sus múltiples dimensiones: personal, familiar, social y cultural. A su vez, remite a la complementariedad como principio de relación, donde lo femenino y lo masculino, lo individual y lo colectivo, participan de un mismo proceso de creación y permanencia.
La propuesta explora la transmisión cultural como un movimiento expansivo: vínculos, saberes y memorias que se heredan, se transforman y se proyectan entre generaciones, teniendo en la familia su núcleo fundamental.
A través de la cerámica, la escultura y la instalación, la artista construye un cuerpo de obra donde la memoria, la familia y los vínculos afectivos adquieren una dimensión estructural. La noción de círculo, presente en su investigación, se vincula a formas de transmisión que se expanden y se transforman a lo largo del tiempo.
La curaduría, a cargo de Daniela Mérida, amplía esta lectura al situar el huayruro dentro de un territorio latinoamericano compartido. Desde esta perspectiva, la exposición propone una comprensión del territorio como una red de conexiones donde circulan símbolos, saberes y experiencias, más allá de las fronteras.
En este contexto, el huayruro —o sirari— se afirma como un símbolo de amor eterno, conexión espiritual y resistencia cultural, presente en prácticas rituales, relatos y formas de vida que atraviesan el continente.
Mi territorio plantea así una reflexión sobre la vigencia de estos saberes y su proyección en el arte contemporáneo, situando a la semilla del amor como una forma de pensar el vínculo, la memoria y la comunidad desde una dimensión compartida que trasciende fronteras.
Información general
Exposición: Mi territorio
Artista: Martina Noriega
Curaduría: Daniela Mérida
Lugar: Daniela Mérida Gallery
Fecha: Abril – Mayo
Dirección: Av. Montenegro entre Enrique Peñaranda y G. Rene Moreno (diagonal colegio Loretto)
Horario: Lunes a sábado 9:00 – 13:00 , 15:00 – 20:00
Ciudad: La Paz
LA SEMILLA DEL AMOR
EL HUAYRURO
El huayruro es una semilla que recorre América del Sur. Crece en territorios que van desde la Amazonía hasta los Andes —Bolivia, Perú, Brasil, Colombia, Ecuador, Venezuela, Paraguay y las Guyanas— y en cada uno de ellos adopta nombres, usos y relatos distintos: sirari, peonía, tento, chocho. En ese tránsito, se configura como una imagen persistente dentro del imaginario latinoamericano, un símbolo compartido que atraviesa territorios, lenguas y tradiciones.
Martina Noriega, en su trabajo de grado del Diplomado en Antropología del Arte, aborda esta semilla como un símbolo dentro de la cosmovisión andino-amazónica, reconociendo en ella una dimensión cultural, espiritual y artística. Su color —rojo atravesado por el negro— condensa una lectura de la dualidad: fuerzas que se articulan y sostienen el crecimiento y la continuidad.
Desde una mirada que entrelaza lo antropológico y lo artístico, el amor se comprende como una experiencia que atraviesa lo personal, lo familiar, lo social y lo cultural. En este marco, la semilla se activa como metáfora: transmite saberes, resguarda la memoria y construye comunidad a lo largo del tiempo y a través de distintos territorios.
Encarnando la complementariedad entre lo femenino y lo masculino, la semilla remite a una condición necesaria para la creación y el desarrollo de la vida, en diálogo con nociones de dualidad y reciprocidad presentes en diversas culturas del continente, donde se organizan las relaciones familiares y comunitarias.
La transmisión cultural se plantea como expansión: la semilla representa el ciclo de la vida en círculos que se abren y se multiplican entre generaciones. En ese movimiento, la familia aparece como núcleo donde los vínculos y la memoria sostienen la identidad y proyectan su continuidad.
El huayruro es también un amuleto de protección, buena suerte y prosperidad. Su permanencia en relatos y prácticas lo sitúa como un símbolo de amor eterno, conexión espiritual y resistencia cultural.
En este entramado, la semilla del amor se afirma como una forma de conexión, cuidado y continuidad, una imagen que, al expandirse, permite pensar el territorio como una red viva de relaciones compartidas.
MARTINA NORIEGA
Mi territorio
Daniela Mérida | Curaduría
El trabajo de Martina Noriega se sitúa en un territorio que no responde a límites geográficos, sino a una construcción íntima y relacional. Su obra se origina en la experiencia directa: el cuerpo, la familia, los vínculos, la memoria y la dimensión espiritual aparecen como materia viva desde donde se configura su práctica.
A lo largo de casi tres décadas, ha desarrollado un lenguaje que articula lo conceptual y lo material con una particular precisión. La cerámica, la escultura, el performance y el video no aparecen como medios aislados, sino como formas complementarias de un mismo pensamiento en proceso.
En Mi territorio, esta búsqueda se despliega como un espacio de intimidad expandida. La mujer aparece como eje transversal de su obra: no como representación, sino como experiencia situada, como lugar de percepción, de transformación y de vínculo con el entorno.
El territorio, en este contexto, se construye desde adentro hacia afuera. Se configura a partir de relaciones: lo heredado, lo aprendido, lo transmitido, lo que permanece y lo que se transforma. Es un territorio que se activa en la memoria, en el cuerpo y en los afectos.
En este entramado, la noción de semilla adquiere una dimensión central. Como forma, como símbolo y como estructura, permite pensar el ciclo de la vida, la transmisión y la continuidad. La semilla contiene en sí misma la potencia de lo que vendrá, pero también la memoria de lo que la precede.
La práctica de Martina Noriega encuentra en estos procesos una manera de articular lo individual y lo colectivo, lo íntimo y lo compartido. Su obra propone una lectura en la que los vínculos no son secundarios, sino constitutivos: es en ellos donde se construye sentido.
La exposición se presenta así como un campo de relaciones en constante activación. Un espacio donde los gestos, los materiales y los símbolos configuran una experiencia que se abre y se expande más allá de lo personal.
Desde la curaduría, este territorio se comprende como una red viva de conexiones. Un territorio que se extiende, se comparte y se reconoce en otros, donde los saberes, las memorias y los símbolos circulan y se transforman, haciendo visible una dimensión común que trasciende toda frontera.
#culturaBO | Daniela Mérida Gallery y Laboratorios Bagó presentan “Mi territorio”, exposición individual de Martina Noriega, inaugurada el pasado 15 de abril. https://t.co/gnkkfLDn2k pic.twitter.com/tkPBrUt0Ds
— RC noticias (@rcbolivia) April 27, 2026
TEXTO BIOGRÁFICO
MARTINA NORIEGA
Martina Noriega (La Paz, 1977) desarrolla desde hace casi tres décadas una práctica sostenida en el arte contemporáneo, articulando producción, docencia, investigación y gestión cultural. Licenciada en Artes Plásticas por la Universidad Mayor de San Andrés, con especialidad en escultura, ha ampliado su formación en curaduría, historia del arte, educación superior y antropología del arte, consolidando un trabajo que integra pensamiento crítico y dominio técnico.
Desde la década de 1990, ha desarrollado una trayectoria constante con exposiciones individuales y una activa participación en muestras colectivas en Bolivia y el exterior. Ha formado parte de plataformas como la Bienal SIART y la Bienal de Cundinamarca (Colombia), donde obtuvo el primer lugar. Su obra ha sido exhibida en Argentina, Perú, Estados Unidos, Rusia y Japón.
Su trabajo ha sido presentado en instituciones como el Museo Nacional de Arte, la Fundación Simón I. Patiño, la Alianza Francesa y el Tambo Quirquincho. Destaca su participación en la muestra semipermanente Creadoras del Museo Nacional de Arte, así como en plataformas internacionales como Latinos in New York.
Ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos el primer premio en el Concurso de Murales “¿Cómo ves a Bolivia en el futuro?” y el primer lugar en la Bienal de Cundinamarca.
En paralelo, sostiene desde 1998 un compromiso continuo con la educación artística. Desde 2012 es docente en la Academia Nacional de Bellas Artes “Hernando Siles” de La Paz, donde ha contribuido a la formación de nuevas generaciones de artistas, consolidando un rol relevante dentro del ámbito académico.
Su práctica se extiende hacia la gestión cultural y la curaduría, impulsando proyectos orientados al fortalecimiento y visibilización de mujeres artistas. Ha sido gestora de plataformas como el Encuentro Nacional de Mujeres Artistas Warmi Nayra, el Encuentro Tierra de Mujeres y el Colectivo Jawira Larama.
La obra de Martina Noriega se articula en diversos lenguajes —cerámica, pintura, instalación, performance y video— construyendo una narrativa donde la naturaleza y la figura femenina estructuran una reflexión sobre la experiencia, la memoria y los vínculos. Su trabajo sostiene una mirada donde lo simbólico, lo afectivo y lo social se entrelazan como parte de un mismo territorio.
Por
Daniela Mérida | Curaduría

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