La intervención forma parte del Proyecto Tramarte «Encuentros para Tejer Paz» en Coroico, Encuentro «Mujeres Recicladoras en Movimiento: cartografía de rutas de trabajo y mapas corporales de cuidado», Proyecto de Asociación Aguayo con el apoyo de ONU Mujeres en el marco de la «Iniciativa de Naciones Unidas para la Consolidación de la cultura de paz en Bolivia», Implementación de la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad».
Son las 03:00 de la madrugada del jueves 23 de octubre en Coroico; el olor penetrante a orina y cerveza impregna el lugar. Es noche cerrada y, a pesar de la hora y del día, aún se pueden encontrar algunos grupos de personas consumiendo bebidas alcohólicas en los alrededores de la plaza principal: son los sobrevivientes de la fiesta patronal de Coroico. Al mismo tiempo, otra realidad va tomando cuerpo.
Susana no tiene tiempo para los festejos, debe salir a trabajar. Mientras la mayoría de las personas duerme, ella ya se encuentra lista para empezar su jornada laboral: vestida con su uniforme, equipada de una escoba de paja brava, un recogedor de basura de latón y bolsas de yute, se dispone, al igual que sus compañeras de trabajo, a dejar limpio el pueblo antes de la salida del sol.
Susana empieza el recorrido de barrido, limpieza y recolección de basura por la calle José Manuel Pando, sigue por la calle Gregorio Pacheco hasta dar con la zona conocida como el “Búfalo” —llamada así porque en el barrio solía existir una discoteca con ese nombre—; que no suele ser el lugar favorito de trabajo de las mujeres de la unidad de aseo urbano, todo lo contrario.
“Antes aquí había un contenedor de basura, alguien lo ha quemado”, comentó Susana.
Desde que le prendieron fuego al contenedor, los vecinos de la zona depositan la basura directamente en el suelo, dejando expuestas las bolsas plásticas a los perros callejeros. La escena es caótica: hay cáscaras de frutas, botellas de plástico, papel higiénico y pañales esparcidos por todo el lugar. La mujer, agachada, recoge y organiza todo el desorden en las bolsas de yute con una diligencia propia de su experiencia. Lleva diez años limpiando y recogiendo la basura de Coroico. Susana es jefa de hogar y madre de 8 hijos.
Se estima que en Bolivia se generan unas 5.200 toneladas de desechos al día. En el casco urbano de Coroico, donde viven alrededor de 3000 personas, se generarían unas 3 toneladas diarias de residuos (según datos proporcionados por Gabriela Noguera, encargada de la unidad de Aseo Urbano del GAM Coroico). Una de las principales problemáticas a las que se enfrentan las mujeres trabajadoras de la limpieza es la deficiente educación ambiental de los habitantes del pueblo, que carecen de una cultura adecuada sobre la manipulación de la basura. Esta situación las expone a accidentes laborales, como cortes o punzaduras con objetos filosos.
“Todo llega mezclado, orgánico, higiénico, las bolsas. Todo llega mezclado. Encontramos cosas como sangre, jeringas y, a veces, nos cortamos”, explica María.
Sobre este mismo inconveniente en el día a día en el trabajo, Giovana añade: “Tenemos miedo de enfermarnos. Recogemos materiales cortopunzantes como vidrios o jeringas. Ese es mi mayor miedo”.
No es un temor infundado. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) sitúa la recolección de basura entre los diez empleos más peligrosos del mundo. Esto se debe, justamente, a los accidentes derivados de la exposición de estos trabajadores a materiales peligrosos y a las enfermedades que pueden contraer al estar en contacto con desechos contaminados. Las recolectoras de residuos realizan un trabajo de riesgo, muy exigente desde el punto de vista físico y con horarios de trabajo que les impiden un reposo adecuado.
Con el propósito de rescatar y visibilizar las problemáticas que atraviesa el colectivo de mujeres que trabaja en la unidad de Aseo Urbano en el municipio de Coroico, organizamos un encuentro de intervención social en el que, desde la aplicación de la metodología de cartografías corporales y territoriales, inspirada en pedagogía feminista, se resignificarán sus experiencias de vida y trabajo.
La utilización de cartografías invitó a las mujeres a dibujar, sentir y narrar sus historias desde el cuerpo: sus cicatrices, sus silencios, sus dolores, sus resistencias, sus placeres, sus sueños y sus memorias. Cada grupo de participantes trazó una silueta sobre un papelógrafo y, utilizando distintos colores, marcó las zonas donde se expresan el dolor, el cansancio, los accidentes y las prácticas de autocuidado. Muchas coincidieron en las zonas del cuerpo más afectadas por el trabajo físico y la sobrecarga de responsabilidades: el útero, la cintura, las piernas, los muslos, los brazos, la espalda, las caderas, las manos y las rodillas.
Recoger basura duele.
Este ejercicio sitúa a las mujeres recolectoras en el centro de la experiencia, de modo que son ellas quienes problematizan su realidad y proponen soluciones, estableciendo una relación entre vivencia, salud y trabajo. A partir de las historias y de la reflexión colectiva de estas mujeres, se crearán obras artísticas y propuestas de políticas públicas, que permitan generar memorias corporales y artísticas, y a su vez, acuerdos institucionales en torno a la paz y al trabajo digno. El ciclo formativo fue organizado por la Asociación Aguayo con el apoyo de ONU Mujeres, en el marco del programa «Iniciativa para la consolidación de la cultura de paz en Bolivia».
Las historias de Susana, María, Giovana y sus compañeras que trabajan recolectando basura nos demuestran que los trabajos «invisibles» son historias que rara vez se cuentan. Colocar las voces de estas mujeres en el centro de la acción es reivindicar su derecho a trabajar sin miedo, en un entorno seguro, justo y humano.

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