El municipio de Apolo, en el norte paceño, vive días de furia y tensión. El cuerpo sin vida de Aníbal León, el comerciante asesinado a sangre fría durante un atraco, fue velado en una plaza pública, bajo la mirada fija de una multitud enardecida. Enfrente, dos de los presuntos atracadores permanecían atados a un cepo, atrapados en su propio infierno.
La indignación es palpable. Horas después del crimen, una turba decidió que la justicia debía ser inmediata y brutal. Cuatro sujetos fueron capturados como sospechosos y, sin esperar veredictos oficiales, los pobladores descargaron su rabia. Golpeados, arrastrados por las calles como animales, los sindicados fueron expuestos como trofeos en la plaza principal de Apolo.
El linchamiento parecía inminente. Entre gritos de «¡Justicia!» y lágrimas de impotencia, los vecinos exigían que se hiciera pagar la muerte de Aníbal, quien recibió un disparo a quemarropa en su propio negocio, la noche del jueves. La madre de uno de los acusados suplicaba desesperadamente que detuvieran la paliza a su hijo, pero sus ruegos caían en oídos sordos.

Las cámaras de seguridad captaron el trágico momento. Un hombre armado con una escopeta larga no dudó en disparar. Todo sucedió en segundos. Los delincuentes, a bordo de motocicletas, huyeron dejando al comerciante malherido. Los vecinos intentaron socorrerlo, pero Aníbal no resistió y murió antes de llegar al hospital.
Lo que comenzó como un robo más en Apolo pronto desató una ola de ira colectiva. El incidente no era aislado; solo días antes, un violento asalto en el vecino municipio de Mapiri dejó heridos. Los atracadores huyeron al monte, dejando atrás solo caos y miedo. Sin embargo, esta vez la comunidad decidió tomar el control.
Dos sospechosos fueron capturados en el camino hacia la comunidad de Santa Catalina. Bajo el peso de la presión popular, confesaron su participación en el crimen. Minutos después, otros dos fueron aprehendidos por la turba. A pesar de la intervención policial, la furia en las calles no cedió.
La población espera un informe oficial de las autoridades locales y la Policía. Pero para muchos en Apolo, la justicia ya se está ejecutando, aunque sea en su forma más cruda.

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