En una jornada marcada por la solemnidad y el simbolismo histórico, el presidente Rodrigo Paz Pereira encabezó este lunes en Sucre su primer acto oficial como jefe de Estado, donde fue reconocido como Capitán General de las Fuerzas Armadas (FFAA) y condecorado con la Medalla del Bicentenario.
El evento principal se desarrolló en el frontis de la Casa de la Libertad, escenario de la fundación de la República, donde el comandante en Jefe de las FFAA, vicealmirante Gustavo Aníbarro, impuso al mandatario la máxima distinción militar “Coronel Eduardo Abaroa” en el grado de Gran Cruz de la Orden, junto con la Medalla del Bicentenario, en reconocimiento a su liderazgo y compromiso institucional.
Posteriormente, el presidente depositó la medalla en el Museo de la Casa de la Libertad, como parte de una tradición que data de hace más de un siglo, reafirmando la conexión entre la historia de Bolivia y el presente político que comienza bajo su administración.
El acto, realizado en la plaza 25 de Mayo, contó con la presencia de autoridades nacionales, departamentales, mandos castrenses y cientos de ciudadanos, que desde tempranas horas coparon el centro histórico de la capital para presenciar el evento.
En su intervención, el vicealmirante Aníbarro reafirmó la lealtad de las Fuerzas Armadas al Gobierno constitucional y al pueblo boliviano. “Dios, familia y patria”, expresó el comandante, evocando el lema que acompaña la gestión de Paz Pereira.
Entre los asistentes destacó la presencia del expresidente Jaime Paz Zamora, padre del actual mandatario, en una jornada que unió memoria, política y continuidad histórica.
El centro de Sucre permaneció cerrado al tránsito vehicular desde la medianoche, debido al dispositivo especial de seguridad y los ensayos militares realizados el fin de semana por la Policía y las Fuerzas Armadas.
Con este acto, Rodrigo Paz marca oficialmente el inicio de su mandato, asumiendo no solo el liderazgo político del país, sino también el mando supremo de las Fuerzas Armadas en un escenario cargado de simbolismo, en el corazón mismo donde hace 200 años nació Bolivia.

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