En Bolivia, la participación femenina en el mercado laboral alcanza el 62%, la más alta de América Latina y el Caribe —donde el promedio es del 51%—, según datos de ONU (2025). Aun así, sigue siendo inferior a la de los hombres. Este escenario es aún más crítico entre las mujeres indígenas: 6 de cada 10 se encuentran en ocupaciones vulnerables, frente a 4 de cada 10 hombres.
Estas brechas económicas están estrechamente relacionadas con la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidado, que recae de forma desproporcionada sobre las mujeres, especialmente en el acompañamiento y atención de niñas, niños, personas mayores y personas con discapacidad.
Según estimaciones de SEPMUD, el trabajo de cuidado no remunerado representa el 16% del Producto Interno Bruto (PIB) boliviano. Esta contribución, aunque esencial para el funcionamiento económico y social del país, sigue sin traducirse en condiciones laborales equitativas para quienes la sostienen.
Frente a este contexto, surgen preguntas clave: ¿qué están haciendo las empresas para promover la conciliación entre el trabajo y la vida familiar? ¿Cómo abordan el derecho al cuidado dentro de sus estructuras?
¿Qué hacen las empresas?
Recientemente, Pro Mujer presentó «El cuidado en las empresas bolivianas”, una investigación pionera para responder estas preguntas. El estudio fue realizado por el Instituto de Investigaciones Socioeconómicas de la Universidad Católica Boliviana y el Instituto de la Mujer Empresa de la Universidad Franz Tamayo, bajo el co-liderazgo de Pro Mujer y del Centro de Estudios y Cooperación Internacional, gracias a una subvención del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo de Canadá.
“Esta investigación nos permite visibilizar y poner en agenda una dimensión fundamental del trabajo que aún es desatendida en el ámbito empresarial: el cuidado. Promover políticas que reconozcan este derecho y avancen hacia la corresponsabilidad es clave para construir entornos laborales más equitativos y sostenibles”, señaló Cecilia Campero, responsable país de Pro Mujer en Bolivia.
La estudió incluyó empresas que ya muestran cierto compromiso con la equidad de género —como las adheridas al Pacto Global, evaluadas por Great Place to Work o pertenecientes a CAMEBOL—. Por esta razón, los resultados reflejan el “mejor de los escenarios posibles” en el país.
De las 120 empresas evaluadas y 51 casos seleccionados, sólo la mitad cuentan con una política escrita de igualdad de género, y más del 65% no dispone de un órgano específico para coordinar acciones en esta materia. El 75% ofrece algún tipo de trabajo flexible, pero en la mayoría de los casos estas prácticas no están formalizadas, lo que hace que su acceso dependa de la discrecionalidad de cada jefe o área.
En cuanto a licencias, el 84,6% cumple con lo establecido para maternidad y el 73,1% otorga licencias de paternidad superiores al mínimo legal. Además, sólo el 11,5% cuenta con guarderías propias, a pesar de que todas tienen más de 50 trabajadores —requisito legal para ofrecer este servicio—. Y aunque el 69,2% ofrece capacitaciones en género, temas clave como nuevas masculinidades o paternidades solo son tratados por una minoría.

Empresas medianas y pequeñas, a la vanguardia
Un hallazgo relevante del estudio es que las empresas medianas y pequeñas, especialmente las Sociedades de Responsabilidad Limitada (SRL), muestran mejores indicadores en materia de cuidado y mayor proporción de mujeres empleadas.
Además, se observó que las organizaciones con más mujeres en puestos directivos son también las que aplican más y mejores políticas de conciliación y redistribución de cuidados, lo que subraya la importancia del liderazgo femenino como motor de cambio. A pesar de los avances en esta materia, el informe advierte que el compromiso empresarial con el cuidado sigue siendo bajo.
El estudio concluyó que integrar el derecho al cuidado en las empresas no solo mejora el bienestar del personal, sino que también reduce el ausentismo, mejora el clima laboral y retiene talento, especialmente femenino.

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