Daron Acemoglu y James A. Robinson ofrecen en su libro «Por qué fracasan las naciones» una de las teorías más influyentes de la última década. A través de un enfoque histórico y analítico, sugieren que las instituciones políticas y económicas son la clave del éxito o la caída de las naciones. Les propongo ver sus contribuciones y limitaciones en cortito.
Primero, Acemoglu y Robinson definen las instituciones como «reglas y normas que estructuran la interacción humana en la sociedad», reglas que para ambos autores son, en un grado mayor, determinantes del desarrollo y el crecimiento.
Acemoglu y Robinson proponen que las naciones prosperan cuando desarrollan dos tipos de instituciones, cada una con un efecto contrario:
Instituciones «inclusivas», aquellas que permiten y fomentan la participación económica y política de una amplia base de población. Estas instituciones aseguran el control de la elite y evitan la concentración excesiva de poder económico.
Por el otro lado, las instituciones «extractivas», que concentran el poder y la riqueza en las manos de unos pocos, éstas son responsables del estancamiento y la pobreza en muchas regiones del mundo.
Los autores sustentan su tesis con una variedad de ejemplos históricos. Desde la Revolución Gloriosa en Inglaterra, que sentó las bases para el desarrollo económico moderno, hasta las diferencias institucionales entre Corea del Norte y Corea del Sur, el libro ilustra cómo las instituciones inclusivas han sido un catalizador para la prosperidad.
Sin embargo, la teoría de Acemoglu y Robinson ha enfrentado críticas por su aparente determinismo institucional.
Algunos críticos argumentan que ignoran factores culturales, geográficos y las interacciones internacionales que igualmente juegan roles significativos en el desarrollo de las naciones. Por ejemplo, el papel del comercio internacional y las alianzas estratégicas son elementos que, si bien el libro discute, a menudo quedan supeditados al protagonismo de las instituciones.
Otra crítica relevante es la limitación que presenta el libro al analizar cambios de instituciones en Estados de transición, y cómo estos cambios pueden no traducirse instantáneamente en prosperidad.
La implementación efectiva de reformas requiere tiempo y está sujeta a resistencia política y social. Esto resalta la importancia de interacciones complejas entre las instituciones formales y las prácticas informales arraigadas culturalmente.
A pesar de estas observaciones, «Por qué fracasan las naciones» sigue siendo una obra notable por su capacidad de sintetizar y comunicar las relaciones entre política, economía e historia. Su enfoque didáctico lo convierte en un recurso educativo valioso, tanto para expertos como para el público general interesado en comprender los fundamentos que promueven o inhiben el desarrollo de las naciones.
Ambos economistas acaban de ganar un nobel, algunos dicen que no lo merecían, pues sus aportes en realidad serían una colección de otras voces que fueron solamente sintetizadas en su texto. Más allá de eso, no deja de ser, como dije, un recurso educativo valioso que invita a pensar una relevante variable política y económica que cruza al desarrollo: La institución.

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