Que la herencia es “un error de cálculos”, que “la mejor planificación sucede cuando el último cheque emitido rebota”, que “morir con la cuenta en cero” es el verdadero éxito y que “no voy a volar en turista para que mi nuera viaje en business” son algunas de las frases que, lamentablemente, he escuchado más veces de las que me gustaría.
Y encima quien las pronuncia se cree gracioso…
¿En serio? ¿De verdad hay quienes creen esto en su sano juicio? ¿Lo repiten sin pensar? ¿O simplemente buscan justificar una pésima gestión del patrimonio y una preocupante falta de educación financiera?
Más allá de que, en lo personal, coincido con Milton Friedman -uno de los principales defensores del liberalismo económico- en que dejar lo que hemos logrado ganar a quienes más queremos es lo que, en última instancia, nos mueve a esforzarnos más y a generar riqueza, no es solo por eso que estoy en contra de esos comentarios.
Querer que las generaciones futuras disfruten del patrimonio generado durante nuestra vida puede ser algo que algunos no compartan. No lo comparto, pero entiendo. Sin embargo, hay muchas otras consecuencias que surgen de esa forma de despilfarrar el dinero y de vivir sin planificar.
Esos simpáticos “errores de cálculo”, aparentemente inofensivos, no lo son. Y, de hecho, pueden generar cosas tales como:
1) Terminar dependiendo económicamente de vuestros hijos.
2) Tener un retiro muy por debajo de vuestras posibilidades y expectativas.
3) Depender de dádivas del Estado en el que viven.
4) No tener dinero para cuestiones fundamentales como tratamientos médicos y, por lo tanto, vivir la vejez en malas condiciones.
5) Caer en la quiebra.
Repetir todo lo que escuchamos sin hacer un análisis básico o una mínima crítica es, claramente, una mala idea. No repitamos frases simplemente porque parecen graciosas o simpáticas. No lo hagamos porque esos mensajes, aparentemente inocuos, hacen daño en nuestras vidas y las de nuestras familias.
La acumulación de riqueza, así como su administración y transmisión a la próxima generación no son solo decisiones financieras, sino también actos de responsabilidad hacia uno mismo y hacia la familia.
Las consecuencias de una mala planificación, como depender económicamente de los hijos o no tener fondos para cuidados médicos, son contundentes, dolorosas y claras; ponen de relieve la importancia de tomar decisiones informadas o de buscar asesoramiento profesional cuando sea necesario.
Lo digo siempre y lo repito cuando tengo la oportunidad de hacerlo: planificar nuestro patrimonio con un asesoramiento profesional, puede ser costoso, pero el precio de no planificar es infinitamente más alto que el costo de hacerlo.
*Martín Litwak, abogado experto en planificación patrimonial.

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