Durante el periodo comprendido entre 2013 y 2025, el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef) consolidó un proceso sostenido de transformación institucional orientado a fortalecer la investigación, la preservación patrimonial y la producción de conocimiento desde las epistemologías propias de los pueblos y comunidades del país. A lo largo de más de una década, el museo amplió su alcance territorial, profundizó el diálogo intercultural y reafirmó su compromiso con la recuperación lingüística, filosófica y epistemológica como eje central de su labor museológica.
Este proceso se reflejó en el fortalecimiento de las colecciones y en la consolidación de sistemas de registro que hoy reúnen más de 34 mil bienes culturales, acompañados por un vasto acervo de información y con las medidas de protección internacionales en sus bodegas. Así como también existe un importante archivo documental que supera las 329 mil unidades documentales entre biblioteca especializada, hemeroteca, centro de documentación etnológico, archivos sonoros y audiovisuales, imágenes fijas, microfilm y materiales textuales. La creación y desarrollo de herramientas digitales como Yanak Pirwa abrió nuevas formas de acceso al patrimonio, permitiendo la consulta de miles de piezas culturales mediante plataformas virtuales que respetan su origen, su cadena operatoria y los derechos lingüísticos asociados.
En paralelo, el museo avanzó en la digitalización de contenidos y experiencias a través de iniciativas como Musef 360 desde el 2021, con recorridos virtuales completos de 21 salas, así como la digitalización de bienes culturales con 151 piezas en 3D, 15 animaciones, 25 moldeamientos digitales. Estas acciones ampliaron el acceso al conocimiento más allá de los límites físicos del espacio museal, bajo un enfoque que reconoce el patrimonio como memoria viva en constante diálogo con los territorios y que busca democratizar el acceso al conocimiento, devolviendo simbólicamente las piezas a las comunidades de las que forman parte. Actualmente el MUSEF equipo su sala de máscaras con 11 piezas de realidad aumentada que puede ser explorado por los visitantes.
Uno de los pilares fundamentales de este periodo fue la producción editorial, concebida no únicamente como registro documental sino como espacio de reflexión crítica y recuperación de saberes. Los 12 catálogos mayores y 19 menores de exposición, las 3 investigaciones culturales, las 13 ediciones de la revista Thakhi y las 12 memorias de la Reunión Anual de Etnología constituyeron plataformas para visibilizar conocimientos diversos, reconocer voces comunitarias y abrir debates sobre formas propias de comprender la materialidad, la relación entre humanos y naturaleza, y la dimensión espiritual del conocimiento. Estas publicaciones rescatan las cadenas operatorias del tejido, la cerámica, el tallado, la cestería y otras tecnologías ancestrales, reconociendo la ciencia y tecnología desarrolladas por diferentes pueblos indígenas a lo largo del tiempo, muchas veces desplazadas por paradigmas externos durante la colonia.
Entre los proyectos editoriales más recientes destaca la serie Grandes Maestros y Maestras de Nuestras Raíces, con dos publicaciones que reconocen los saberes vivos de creadoras y creadores que mantienen vigentes conocimientos técnicos y espirituales transmitidos generacionalmente. Ejemplos de ello son las investigaciones dedicadas a la cerámica, como el caso de Walter Melendres, y los tejidos e historias de vida de las tejedoras de Kaluyo-Kallawaya, reafirmando la importancia de la transmisión intergeneracional del conocimiento como base de la continuidad cultural.
El MUSEF también impulsó una línea editorial infantojuvenil orientada a acercar a nuevas generaciones a las historias, mitos y saberes del país mediante formatos accesibles y creativos. En este marco se publicaron cinco libros de MUSEF te Cuenta dirigidos a la infancia, cuatro ediciones de MUSEF en Viñetas en formato cómic para públicos juveniles y tres libros de la serie Coloreando la Vida, que promueven el aprendizaje lúdico y el encuentro familiar alrededor del patrimonio cultural. Complementando este trabajo, se produjeron 23 memorias animadas que retratan mitos y leyendas de diferentes comunidades —como el origen de la papa, el maíz o el maní— ampliamente utilizadas en contextos educativos y en las actividades itinerantes del MUSEF Portátil.
La recuperación lingüística constituyó otro eje central, evidenciado en la preservación y difusión de documentos históricos fundamentales como el Diccionario Castellano-Moseteno y Moseteno-Castellano (1874) y el Arte, Vocabulario y Catechismo menor y mayor compuesto en Lengua Moxa (1701), inscritos en el programa Memoria del Mundo para América Latina y el Caribe (MOWLAC). Estas iniciativas contribuyen a revitalizar memorias lingüísticas y a reconocer la diversidad cultural desde una perspectiva histórica y contemporánea.
Asimismo, el MUSEF participó activamente en procesos de reconocimiento patrimonial de alcance internacional, acompañando prácticas culturales como los Recorridos Rituales de la Alasita en La Paz y la Festividad del Señor Jesús del Gran Poder en su postulación y declaración por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reafirmando la importancia de las prácticas comunitarias como espacios de identidad y resistencia cultural. Desde sus archivos, el museo también impulsó postulaciones al programa Memoria del Mundo (MOWLAC), logrando la inscripción de la colección fotográfica “Damián Ayma Zepita, el fotógrafo itinerante”, el Diccionario Castellano-Moseteno y Moseteno-Castellano (Covendo, 1874) y la colección Fotografica de David Acebey sobre los Ava-Guaraní: reflejo migratorio y expansión etnicolingüística (1976–2007).
En el ámbito expositivo y de programación cultural, el museo mantuvo una agenda dinámica con un promedio superior a 120 actividades anuales, consolidándose no solo como espacio expositivo sino como lugar de encuentro para escuchar, debatir, bailar, aprender y reflexionar colectivamente. Espacios como la Reunión Anual de Etnología se posicionaron como referentes internacionales para el intercambio de saberes entre academia y comunidades con más de 2000 expositores y 5584 inscritos en estos últimos años, mientras que programas como Sonoridades Emergentes y la feria Texturas y Sabores fortalecieron el diálogo entre públicos, artistas y productores culturales, promoviendo economías solidarias y encuentros interculturales.
La dimensión educativa e inclusiva se fortaleció mediante programas dirigidos a colegios nocturnos, personas con discapacidad y adultos mayores, ampliando el acceso a públicos históricamente poco representados en espacios museales. Asimismo, el proyecto Musef Portátil llevó experiencias museológicas a territorios diversos, alcanzando más de 86 localidades y reafirmando la vocación territorial del museo.
Este periodo representa una etapa en la que el Musef fortaleció su rol como espacio de pensamiento crítico, investigación colaborativa y diálogo intercultural, posicionándose como referente en la construcción de narrativas propias desde las ciencias antropológicas y las museologías contemporáneas. Más que un espacio de exhibición, el museo se consolidó como un territorio vivo donde memoria, conocimiento y culturas continúan proyectándose hacia el futuro.
En esta última década, el Musef consolidó una producción editorial sin precedentes, con un total de 61 libros, catálogos y publicaciones propias que promueven el conocimiento desde nuestras comunidades, recuperando términos lingüísticos, filosofías y epistemologías que históricamente han sido invisibilizadas. Paralelamente, el museo impulsó una profunda transformación digital, permitiendo que personas de cualquier parte del mundo puedan recorrer sus salas desde dispositivos móviles o computadoras con conexión a Internet, además de crear una vitrina digital que permite explorar más de 175 bienes culturales en detalle, facilitando procesos de investigación y acceso abierto al patrimonio.
Las publicaciones infantojuveniles alcanzaron 12 títulos, ampliando la formación de nuevas generaciones de lectores y lectoras, mientras que la producción audiovisual incluyó 23 memorias animadas dobladas a guaraní, quechua, inglés, francés y portugués —y próximamente en aymara—, contribuyendo activamente a la preservación y difusión de las lenguas y saberes diversos. Este proceso permitió también la proyección internacional del museo, participando en espacios académicos globales, conferencias magistrales y fortaleciendo la Reunión Anual de Etnología mediante el diálogo con especialistas y comunidades académicas de distintas regiones, consolidando un pensamiento crítico desde el Sur.
Estos avances sostenidos no habrían sido posibles sin el liderazgo de Elvira Espejo Ayca —poeta, escritora, investigadora y tejedora—, cuya dirección marcó una etapa de renovación profunda. Reconocida internacionalmente con la Medalla Goethe (Alemania, 2020), la Cruz de Oficial de la Orden del Mérito Civil de España (2025), la Orden de las Artes y las Letras (Francia, 2024) y el Premio Iberoamericano de Arte Autóctono (España, 2025), entre otros reconocimientos, su trayectoria ha articulado saberes comunitarios con prácticas museológicas contemporáneas. Su experiencia en escenarios internacionales y su visión basada en una mirada propia dejan como legado un museo fortalecido, situado a la altura de instituciones culturales de referencia mundial, construido desde el trabajo colectivo y desde una museología que reconoce la potencia de nuestras raíces.

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