Por José Luis Saavedra
Profesor de Teoría y Política Poscolonial
“Qué le hemos hecho nosotros al Estado boliviano, qué le hemos hecho nosotros a los políticos de turno y nos referimos concretamente a los prolongados 14 años de gobiernos pasados y más el actual, que continúa, que no es otra cosa que una humillación, un rechazo, una discriminación racista, lo que el actual sistema de Estado, los actuales órganos de Gobierno, que están conduciendo nuestro país, bajo un régimen que no hace otra cosa que seguir tratando de imponer y de someter al pueblo boliviano y, en el caso particular, a nosotros, a los pueblos indígenas” (Tata Marcial Fabricano).
“Es pues indignante el trato que se nos ha dado a nosotros, a los pueblos indígenas”. Y en verdad es irritante el maltrato racista, discriminatorio y profundamente segregacionista que el régimen MASista dispensa -con profundo odio, vilipendio y desprecio- a la heroica XI Marcha Indígena por el territorio, la identidad y la cultura. Por ello mismo, el gobierno de Arce y sus ministrillos no los han atendido, menos entendido, ni siquiera escuchado a los marchistas; denotando con ello un procedimiento gubernativo inexcusablemente colonial y colonialista (tanto o más etnocida que hace 500 años).
Ahora, la verdad, no es extraño esta política racista, extractivista y radicalmente anti indígena implementado por el régimen MASista. Desde hace 15 años, el gobierno del MAS ha intensificado y radicalizado el extractivismo y la depredación de los recursos naturales y bienes comunes de la Madre Tierra; inconcusamente expresada en la feroz ampliación de la frontera agrícola (monocultivos, transgénicos y agrotóxicos); la violenta exploración y explotación hidrocarburífera en territorios indígenas y áreas protegidas; la irracional contaminación del suelo, el agua y el aire por los lixiviados de la minería; la bestial deforestación por el agronegocio; la brutal depredación de la biodiversidad y la salvaje devastación de los bosques, parques nacionales y reservas naturales de la biosfera.
Supuesto este contexto brutalmente catastrófico: vandálico y destructor del hábitat natural de los pueblos y comunidades indígenas, ¿se podía esperar un trato medianamente decente de los burócratas del gobierno hacia los marchistas indígenas?, obviamente no. Aquí se impone una lógica esencialmente depredadora, devastadora y por demás violenta, aunque graciosamente adornada con una fraseología pachamamista.
No obstante, en medio de esta ofensa u ofensiva gubernamental, de un hondo carácter racista y fascista, es interesante y -además- muy novedoso que la XI Marcha Indígena de los 34 pueblos del Oriente, Chaco y Amazonia, no se limite a una actitud victimista, sino que más bien se anime a enunciar la propuesta más potente de y en esta tercera década del siglo XXI: la constitución del Parlamento Indígena y la consecuente posibilidad de viabilizar la autodeterminación y el autogobierno de las naciones y pueblos indígenas (Art 2 de la CPE).
¿Qué es el Parlamento de las Naciones y Pueblos Indígenas?, ¿por qué y para qué se ha forjado y cuáles son sus perspectivas u horizontes teóricos y políticos? Sería interesante discurrir en torno a la fundamentación teórica y política del Parlamento, es decir reflexionar acerca de la crisis del Estado nación, la implosión del llamado Estado plurinacional e incluso las configuraciones post estatales (como la del confederalismo democrático de los pueblos kurdos); pero, por razones de espacio, vamos a limitarnos a glosar el documento emitido por la XI Marcha Indígena.
¿Qué es el Parlamento de Naciones Indígenas?
“Un espacio permanente de deliberación y reflexión política, social, económica y ambiental de las Naciones Indígenas, sobre el estado de sus territorios, recursos naturales, además de los impactos que provocan los modelos de desarrollo económico y la interacción con las demás culturas del país.
“Es una instancia de interpelación a los gobiernos, clase política, sociedad boliviana y a todos los organismos nacionales e internacionales, para revisar y debatir las políticas públicas que tienen repercusiones en la vida de las naciones indígenas y de todos los habitantes del país.
“El Parlamento es un lugar de diálogo, de uso de la palabra cultural para afirmar y rectificar los pasos y caminos andados hacia el renacer de las culturas y los pueblos de la Amazonía, Chaco y Oriente de Bolivia”.
Funciones principales del Parlamento de Naciones Indígenas
- “Deliberar respecto de las políticas y prácticas que afectan a los pueblos y naciones indígenas
- “Interpelar a las instancias del Estado, organismos de desarrollo y población en general respecto de las condiciones de vida de las Naciones Indígenas
- “Generar espacios de análisis y reflexión para construir nuevos acuerdos de convivencia armónica, integra y pacífica entre culturas y pueblos
- “Proponer medidas y acciones que mejoren las condiciones de vida y el medioambiente en el que vivimos todos
- “Evaluar y mejorar el autogobierno en los Territorios Indígenas y el gobierno del país, los departamentos y los municipios en los que están inmersos los territorios indígenas
- “Conformar comisiones de trabajo para debatir, analizar y definir políticas y programas de acción en beneficio de los pueblos y naciones indígenas
- “Diseñar estrategias de desarrollo con identidad cultural para las distintas naciones y pueblos indígenas en beneficio del fortalecimiento cultural”.
Como podemos percibir, estamos ante una propuesta realmente potente, auténticamente democrática y profundamente deliberativa. Más aún, por primera vez en más de 15 años de sometimiento corrupto y prebendario de las organizaciones sociales, ahora tenemos una configuración organizativa -como es el Parlamento de las Naciones Indígenas- genuinamente democrática y emergente desde las mismas bases comunarias y territoriales en proceso de lucha, resistencia y movilización.
¡Jallalla tata Marcial Fabricano!

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