El sector soyero exportó 1.371 millones de dólares en divisas en 2021, un año con óptimas lluvias en la campaña de verano. Este 2022, la cifra podría bajar pese a los buenos precios, debido a la sequía que ha disminuido los rendimientos.
Santa Cruz, febrero 2 de 2022. «El año pasado, gracias a las condiciones climáticas favorables para el desarrollo del cultivo en la campaña de verano y a los buenos precios internacionales de la soya, se logró exportaciones por un valor de 1.371 millones de dólares, lo cual significó divisas importantes para el país. Este año se prevé una baja en la producción debido a la prolongada sequía. Por ello, para que el país se beneficie con la tendencia positiva de los precios de la soya, consideramos que el Gobierno debe facilitar el acceso de nuevos eventos de biotecnología para los productores», manifestó este miércoles Fidel Flores, Presidente de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO).
El precio internacional de la soya ascendió de forma significativa desde el año pasado, hasta situarse por los 570 dólares por tonelada. En 2021, la producción anual de soya en Bolivia supero los tres millones de toneladas; lo cual permitió mayores excedentes para las exportaciones y un aumento importante en el ingreso de divisas para el país, provenientes principalmente de la harina y aceite de soya.

El sector soyero exporta el 80% de toda su producción ya que el mercado interno es abastecido plenamente con el 20%. El 95% de lo exportado está constituido por harina y aceite, “lo cual significa que se está enviando a mercados extranjeros productos con valor agregado, un beneficio para el país porque representa la generación de empleos por la industrialización”, explicó Flores.
El alza en la cotización del grano y sus subproductos (harina y aceite) se debe principalmente a la prolongada sequía que afectó al sur de Brasil, país que preveía producir 144 millones de toneladas, pero se calcula que no superará los 130 millones. Una situación similar ocurre en Argentina, donde los efectos climáticos mermaron la producción, que apenas alcanzará 40 millones de toneladas, nueve millones menos de lo previsto.
En el caso boliviano, ANAPO proyecta que la campaña de verano de 2022 será de al menos dos millones de toneladas de grano, es decir una producción menor en 500 mil toneladas comparada con la del año anterior.

“Debido a la sequía el rendimiento promedio ha sido de dos toneladas por hectárea en los últimos años. Pero, si los productores tendrían acceso a nuevos eventos de biotecnología como la soya resistente a sequía, podríamos llegar a 2,7 toneladas por hectárea, aumentando la producción sin necesidad de ampliar la frontera agrícola y evitando pérdidas productivas anuales de 500 mil toneladas y económicas de al menos 200 millones de dólares”, sostuvo el presidente de ANAPO. Añadió que el cultivo de esta oleaginosa es la fuente de ingresos de 14.000 unidades productivas en el país, la mayoría de ellas de pequeños productores.
Señaló que debido a la falta de acceso a la biotecnología para los productores soyeros bolivianos, el país está dejando de percibir ingresos en divisas de unos 600 millones de dólares por exportaciones, considerando los niveles de precios actuales que tiene la soya en el mercado internacional.
El directivo señala que ANAPO, como siempre lo ha hecho, seguirá solicitando al Gobierno atención a las demandas de su sector que, además de incluir un pedido unánime de todos los productores de permitir el uso de la biotecnología, requiere también mejorar la logística de exportación hacia otros países, para lo cual el ansiado proyecto Puerto Busch debe ser una realidad urgente para mejorar la competitividad de la soya boliviana.

CANIOB propone mejorar la productividad de la soya con biotecnología y menos restricciones a la exportación
Precios favorables de la soya en el mundo no están siendo bien aprovechados en Bolivia. Se podría tener volúmenes de producción que permitan mejores condiciones para el país. Dejar de ser un tomador de precios para ser un “jugador destacado” en el mercado internacional.
La industria oleaginosa boliviana se ha convertido en un factor esencial de la reactivación económica, con exportaciones que permitieron lograr un superávit comercial en el año 2021. Sin embargo, de acuerdo a los expertos y a las tendencias mundiales, existe un enorme potencial para convertir a Bolivia en un país agroexportador por excelencia que no está siendo bien aprovechado.
Según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), el año pasado las exportaciones en el sector de soya fueron de 1.365 millones de dólares, con bienes con valor agregado (como la torta de soya, los aceites de crudos y refinados y otros), pero pudieran ser 2.000 millones de dólares si se incrementara la producción de grano de soya con acceso a la biotecnología.
“Nuestro país, que actualmente no es un actor relevante a nivel internacional, puede llegar a serlo si aprovecha el momento. Eso significa implementar la biotecnología en la siembra de soya para incrementar los rendimientos en la cosecha. Con ello se podrá tener volúmenes de producción que nos permitan competir en mejores condiciones con los países vecinos y dejar de ser un tomador de precios para convertirnos en un ‘jugador’ más destacado en el mercado internacional”, afirma Jorge Amantegui, Presidente de la Cámara Nacional de Industrias Oleaginosas de Bolivia (CANIOB).

Para ello, según señala Amantegui, se requieren políticas claras que impulsen la producción de grano de soya con aplicación de biotecnología y la liberación de las exportaciones agroindustriales. Esta mejora se podría producir sin aumentar la frontera agrícola, solamente optimizando la productividad y disminuyendo las debilidades que enfrenta actualmente el sector soyero.
“Lastimosamente, Bolivia no se decide a asumir políticas públicas que beneficien a la producción nacional de oleaginosas”, señala el presidente de CANIOB.
Contexto internacional no aprovechado
Diferentes circunstancias relacionadas a los países que son grandes productores como EEUU, Brasil y Argentina, entre ellas la reducción de cosecha por la sequía imperante en Sudamérica, la compra de grandes fondos de inversiones y la expectativa de la demanda China, han dado lugar a un alza en el precio de la soya en la bolsa de Chicago.
“Esta circunstancia ocurre recurrentemente en diferentes momentos históricos, pero Bolivia no se decide a asumir políticas públicas que beneficien a la producción nacional de oleaginosas. Esta es una gran oportunidad para Bolivia como país productor de soya y exportador de subproductos con valor agregado como torta de soya, aceite crudo y refinados, pero no está siendo explotada por las restricciones que existen a la exportación, los problemas logísticos y la falta de biotecnología”, concluye el presidente de CANIOB.

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