Febrero 2026.- Andrés Gómez se despierta temprano. Antes de hablar con nadie, antes del ruido y de la agenda, lee. No es un hábito reciente ni un gesto intelectual: es una necesidad. “Un día que no leo me siento mal, es como si me faltara alimento”, dice. Leer es su manera de ordenarse antes de salir al mundo.
Después vienen sus tres perros. Motín, “muy pocas veces hace caso”, cuenta Gómez. Tina, la hembrita, comelona pero refinada: “Es caprichosa, pero encantadora. Es una dama que sabe lo que quiere, y eso la hace imposible de ignorar”, admite el candidato a la Gobernación por La Paz. Y luego está Twitter, la mezcla perfecta de sus padres. De Motín heredó la curiosidad insaciable y la chispa traviesa que lo hace explorar cada rincón; de Tina tomó la elegancia y ese aire de pequeña dama que lo hace parecer seguro de sí mismo, incluso mientras corretea sin control por la casa.
“A veces croquetas no comen y se ponen caprichosos”, dice el candidato. Por eso, les cocina lawita con arroz y huesitos día por medio. Gómez no improvisa. No negocia. Cuidar también es disciplina.
Esa forma de vivir explica mucho de quién es.
Andrés nació en Pocoata, en el norte de Potosí. A los 10 años migró a La Paz. Llegó siendo niño a una ciudad empinada y dura. Caminaba horas para llegar al colegio. Vivía lejos, estudiaba lejos y aprendió pronto que, sin orden ni constancia, la ciudad te pasa por encima.
La pobreza la conoció desde dentro. No como discurso, sino como experiencia diaria. “No es solo no tener plata”, reflexiona. “Es no tener estabilidad, ni emocional ni material”. En ese contexto aprendió a sobrevivir sin perderse: el fútbol le abrió amistades, la música le dio refugio, y la lectura lo sostuvo. Leía en plazas, en cualquier rincón. Leer era resistir.
Hoy vive entre Villa Pabón y Mecapaca, en una calle llamada Pensamientos. Mantiene la misma rutina: leer, escribir, cuidar. En marzo presentará su quinto libro, un ensayo sobre democracia. No es casualidad. Para Andrés, la democracia no es un discurso; es una práctica diaria que se construye con constancia, reglas y memoria.
Cuando habla de gobernar La Paz, no lo hace desde la improvisación ni desde la distancia. Lo hace desde la experiencia de quien aprendió que nada se sostiene sin disciplina, y que cuidar —personas, animales, ciudad— exige responsabilidad.
Andrés Gómez no promete gestos grandilocuentes. Propone algo más simple y más difícil: orden, humanidad y compromiso. Como en su rutina diaria. Como con sus perros. Como con la vida.

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